¿Qué es Ficción?

Ficción es:

– Mito, leyenda, fábula, novela, cuento, microcuento, crónica, poesía, tragedia, comedia, drama, canción, himno, oda, elegía, égloga, sátira, madrigal, epigrama, letrilla, epopeya, épica, romance, bizantina, cortesana, sentimental, pastoril, picaresca, política, histórica, costumbrista, naturalista, psicológica, aventuras, terror, humorística y policíaca, entre otras…

Sólo que los hechos narrados pertenecen a una realidad diferente a la nuestra.

El origen de Dómino (1)

—¡Milord!

La puerta que daba acceso al salón principal fue abierta con brusquedad, sin petición previa, concediendo paso a uno de los miembros de la guardia, visiblemente alterado.

Si aquel inusitado suceso logró sorprender al señor del lugar, éste no dio la menor muestra de ello. Se mantuvo firme en su sólido sillón, ocupado en sus papeles, sin siquiera alzar la cabeza para observar al intruso.

El miliciano, espoleado por las acuciantes noticias, cruzó la estancia hasta alcanzar el escritorio de madera del noble. Tal era su grado de ofuscación que se atrevió a afianzar sus manos sobre la madera pulida.

—¡Milord! ¡Es preciso que sepáis lo que ha ocurrido!

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Os presento a Heraldos de la Tormenta

La gran águila sobrevoló los edificios de la ciudadela, directa al campamento.

El sol se escondía ya por el horizonte y el próspero asentamiento iba haciendo, poco a poco, honor a su nombre: Bajaluna.

Esperó a estar casi a ras de suelo para, en un revuelo de plumas, recuperar su auténtica forma, aunque tuvo que corretear unos cuantos pasos para compensar la enorme inercia que había acumulado durante el vertiginoso vuelo. Una maniobra que pudiera haber resultado torpe, hasta cierto punto peligrosa, fue ejecutada con una gracia natural que despertó el asombro de cuantos la contemplaron.

Quizá no el de todos.

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Berserker, de Tulkas Hammer Pain

Una bestia en mi interior se retuerce
puedo sentir sus colmillos
se clavan con fuerza en mi alma
Puedo oír sus rugidos
martillean mi mente agitada

Siempre ha estado allí
oculta en el confín de mi ser
Entre sus fauces vine a este mundo
y como su jinete lo abandonaré
Es el guardián de la esencia guerrera
El ángel que guía mi indómita cólera

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Kyress (1)

Trierne esperaba a solas en la habitación, sentada en una incómoda silla frente a una mesa puramente funcional. El único fluorescente del techo apenas bastaba para iluminar aquel lugar de paredes rudas y grisáceas.

Todo había pasado tan rápido que apenas era consciente de cuanto había ocurrido desde que aquel par de gorilas se la llevaran de las escaleras fuera del instituto. El coche con los cristales tintados, el viejo trajeado que se había sentado en la parte trasera con ella y no había dejado de observarla, que nadie hubiera vuelto a hablarla hasta que la metieron en aquella habitación… Todo aquello olía mal, muy mal. Y, o se habían equivocado con ella, o se había metido en algo gordo, aunque no supiera el qué.

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La oportunidad (2)

—Caballeros, y también damas, tengo una propuesta que ofreceros.

En los ojos que lo observaron brilló la suspicacia, un franco desinterés o la simple codicia. Unas cuantas miradas no tardaron en regresar a la contemplación de sus decadentes jarras de cerveza; otras, prefirieron centrar su atención en el abultado saquillo que reposaba sin dueño sobre la grasienta madera del mostrador.

—Mi nombre es Josquin Desprezz y no pienso andarme con rodeos —continuó—. Aquellos que guarden reservas a la hora de mancharse las manos de sangre, que hagan el favor de abandonar el establecimiento. —Un murmullo de enojo se alzó de inmediato entre los presentes—. Se abstendrán de abonar el coste de las bebidas por las molestias causadas, pero deberán marcharse de inmediato. El resto, aquellos que se muestren dispuestos a correr algunos riesgos menores a cambio de llenarse los bolsillos de buen metal, que permanezcan en sus asientos.

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 28 (fragmento)

Pero su cuerpo aparecía espantosamente deformado.

Su fina y pálida piel se mostraba ahora dura y áspera, de un color violáceo. Sus manos se estiraban como nervudas garras, sus dedos acabados en largas y afiladas uñas. Sus piernas se sostenían de manera terrible en unas desproporcionadas pezuñas que soportaban con horrible facilidad su peso incrementado. Las alas correosas de murciélago que crecían en su espalda la conducían entre los habitantes de la ciudad, brindando a sus garras y dientes la oportunidad de mutilar y matar.

Aterrizó con elegancia en un frío suelo empedrado y perforó indiferente con un dedo la carne del estómago de un hombre todavía vivo, para luego llevar la sangre tibia a su lengua, que saboreó el líquido con satisfacción…

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Elvhay Darkbreeze

Todavía soy capaz de recordar con detalle cómo se desarrolló aquel extraño encuentro.

Acababa de arribar con mi compañía al pequeño asentamiento enano. Se trataba de un afloramiento rocoso en la superficie que hacía las veces de baliza para el inmenso reino que se escondía bajo tierra. En la última época, a consecuencia de la agitación creciente en las lindes de la comarca, se había convertido en un punto de reunión entre culturas, sirviendo de embajada para las reuniones con las razas élfica y humana.

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Kyress (0)

«Allí está. Tiene que ser ella. No es como me la esperaba, quizá más alta, más torpe en la forma de caminar. No, no es torpe, sólo desmañada. Pero es normal, sólo tiene quince años. Y es rubia. No sé por qué es tan importante este detalle, pero lo es. Ha de ser ella, tiene que serlo y demostrar estar a la altura. Si no, la hemos jodido a base de bien…»

—¿Trierne? —preguntó al acercarse.

La chica se detuvo, dedicándole una altiva mirada mientras se cruzaba de brazos.

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 1 (fragmento)

Odio que me ignores. Lo sabes.

La mestiza de hykar avanzaba a vivo paso por la espesura del bosque, anhelante de la bucólica soledad que le podía ofrecer, como si le fuera la vida en ello.

¿Aún no me respondes? Por si lo has olvidado, tenemos un trato, y es…

—¡Calla!

Parece que por fin he llamado tu atención. Comenzaba a echarte de menos.

—Me das asco —exclamó exaltada, con la respiración entrecortada por lo célere de su marcha—. No te imaginas hasta qué punto maldigo el día en que se cruzaron nuestros caminos.

Maldice si quieres, niña oscura, quizá algún dios te oiga y ponga fin a tu supuesto castigo.

—¿Se puede saber a qué vino lo de antes? —se apresuró a preguntar, con la intención de desviar el tema de la conversación—. Maldita seas por siempre…

Como si en el fondo de tu corazón no desearas haber hecho realidad mis deseos. ¿Por qué te afectan tanto mis palabras si estás tan segura de la pureza de tu alma? ¿Temes que sea tan negra como tu piel?

—Siempre arañando, como una rata que ha caído en una trampa y trata de encontrar un infecto agujero por el que escabullirse —contraatacó la joven, no dispuesta a concederle la iniciativa—. ¿Nunca te cansas?

La joven se mantuvo en silencio unos momentos, a la espera de una réplica que no llegó a darse. Al parecer, había quedado satisfecha.

Por el momento…

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Cálculo de humanos

—Pase por aquí, señor Steinweis.

La curiosa comitiva formada por un trajeado ejecutivo y técnicos con batas blancas franqueó las puertas de policromato plástico cuando el científico y relaciones públicas del evento introdujo su biotarjeta y permitió que el sensor tomara una instantánea de su retina. El procedimiento pareció resultar satisfactorio, pues ni saltaron los cierres de titanio endurecido de sus anclajes, ni estallaron las alarmas en un jolgorio de luces estroboscópicas y aullantes alaridos.

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Pasaje

—Hace frío.

Eran las primeras palabras que pronunciaba desde hacía horas. Que un alma divertida y soñadora mantuviese una actitud tan ausente me llenaba de preocupación; y que decidiese abandonar su solitario aislamiento para quejarse de una sensación que no era real logró que por un momento la angustia hiciera presa en mi pecho.

—Ponte mi capa —ofrecí, mientras me apresuraba a desabrocharme la prenda.

—Déjalo —me detuvo al tiempo que se giraba para mirarme. No recordaba haber visto nunca tal decaimiento en el azur de sus ojos—. No es ese frío el que siento. Por favor, sigamos.

De noche

Vivo de noche.

Mis sentidos me describen con total precisión cuanto acontece a mi alrededor. Todo aquello que resulta invisible a aquellos que conviven conmigo resulta diáfano y brillante ante mi percepción.

Alzo el rostro hacia la negra bóveda celeste y exhalo un quedo suspiro. Quizá sólo se trate de un nostálgico recuerdo de mi anterior existencia, de algo que fue siempre tan natural como la propia vida y que ahora queda tan distante y olvidado, pues mis atrofiados pulmones ignorarían lo que es un soplo de oxígeno si no fuera porque necesito aire para hacer vibrar las cuerdas vocales que me permiten hablar.

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Legado de Sombras. El engaño (fragmento)

—No, ¡de verdad! Algo me dice, y me refiero a un sexto sentido, al instinto, no que esté escuchando voces en mi cabeza, eso hace tiempo que no me pasa, y menos mal, me llevaba cada susto que para qué contarte… Pues eso, que tengo la sensación de que no son simples labriegos buscando algo que trasegar, pues sin duda que eso que asoma del cinturón de ese hombre de atrás es la empuñadura de un cuchillo, y lo que ese otro trata, torpemente, de esconder bajo la manga es una porra, y ya, por sí misma, no me gusta la cicatriz del rostro de ese otro, el de la sonrisa a la que le faltan dientes.
—Rid, cállate ya —exhortó Kylan, pendiente del menor de los movimientos de cualquiera de aquellos hombres—. Nos están asaltando.

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Las manos ociosas

Todos los días acudo sin falta a la estación de La Arboleda. Así lo llevo haciendo… ¿desde cuándo? ¿Quince años? No lo sé. Creo que desde la última vez que cambié de trabajo.

Allí, detenido como siempre, el tranvía me espera con sus puertas abiertas. Sorteo con cuidado los cuerpos apiñados que me rodean y entro en el vagón, atento a salvar el pequeño espacio que lo distancia del andén. No me gustaría dar un mal paso y romperme una pierna.

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Kyress (3)

—Muy… espacioso.

Tras un paseo desde el restaurante de comida turca, habían llegado a un complejo de apartamentos en una zona tranquila de la ciudad. El hombre había conducido a Trierne hasta la sexta planta del edificio y, una vez allí, la invitó a entrar. Quizá la joven debería haberse planteado lo poco oportuno de meterse en una casa a solas con un desconocido, pero ni se le pasó por la cabeza que pudiera estar en peligro.

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Comparte con tus amigos

La mayor satisfacción para un escritor es que se difundan sus historias.

Y qué forma más fácil que por medio de las redes sociales.

Facebook, Twitter, LinkedIn, G+… ¡Comparte con tus amigos tus relatos favoritos!

El pasajero

A fin de cuentas, debía sentirse orgulloso.

Había salvado la lanzadera y regresado a la base lunar a tiempo de informar del inminente peligro.

No en vano había recibido el reconocimiento público de sus iguales, además de convertirse en objeto de la recepción de una honrosa condecoración por la valía de sus acciones durante una emotiva ceremonia…

En todo esto soñaba, mientras con un aguijón clavado en el pecho, iba siendo lentamente deglutido por el inusitado pasajero de la nave.

Cruzada

Sir Rowayn Vallart montaba velozmente a lomos de su soberbio caballo de gran alzada y blanco pelaje, blandiendo en su mano derecha su larga espada sobre la cabeza y protegiendo el frente con el escudo portado en la zurda.

Su impresionante armadura dorada no mostraba mella alguna y brillaba refulgente al incidir sobre ella los rayos solares, concediendo a la estampa del caballero una magnificencia que provocaba admiración en todos aquellos hombres que fijaban su mirada en la figura del jinete.

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Un Día de muerte

—Y que no se te olvide coger la miel, ¿de acuerdo?

Julia le miraba con aquella desesperada intensidad que se apoderaba de sus ojos cada vez que salían en busca de víveres. Álex, por su parte, tendía a agazaparse y rehuir la mirada, asustado ante la posibilidad de ser descubiertos en cualquier momento.

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Larga espera

—Qué duro se hace esperar, ¿verdad?

—Perdón, ¿cómo dice?

—La espera. Nunca es un plato de gusto.

El zumbido de la máquina de refrescos era la única constante en aquel pasillo iluminado por fila tras fila de fluorescentes blancos.

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 17 (fragmento)

Apretó el dije en su mano y lo ocultó de nuevo bajo la ropa, fortalecida su determinación.

Fue entonces cuando se percató de la presencia de una figura en su cercanía. Descubierta, la joven feryan, lejos de mostrarse cohibida, adelantó sus pasos hasta quedar frente al mestizo. El viento agitaba su rojiza melena y amortiguaba el leve crujido de sus pisadas en la nieve.

—Hola —saludó Zithra, clavando sus ojos azules en los de Kylan y pintando una traviesa sonrisa en sus labios—. ¿Crees en el destino…?

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La oportunidad (4)

—¡Chicos, chicos! Mirad esto. ¡Creo que he encontrado algo!

—¿Quieres cerrar esa bocaza, Lai?

—¡Que te den, Dal! ¡Mirad esto!

Los tres zahrkos se reunieron en torno a un enorme butacón que en mejores tiempos tuvo que resultar de lo más mullido y confortable. Ahora, la tela raída dejaba entrever la hacendosa labor que ratas e insectos habían practicado con el relleno.

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Kyress (5)

—Recuerda. Estate tranquila y relajada. Tienes que estar receptiva o de otro modo me cerrarás el acceso.

—Lo dices como si supiera lo que estoy haciendo.

Trierne permanecía sentada en el colchón, mientras él, a su espalda y con las manos sobre sus hombros, la iba guiando en el proceso.

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 7 (fragmento)

—No vas a escapar —susurró la figura, implacable.

—¡No! ¡NO! —clamó enloquecido el salteador, sus ojos tratando de escapar de sus órbitas. Desenvainó el ancho sable de su funda y saltó cargando contra la espectral silueta.

La salvaje arremetida no halló cuerpo alguno en su trayectoria. Por contra, una larga y fina espada se alojó en su pecho y despuntó a su espalda, con el resplandeciente metal manchado de sangre.

En un hábil y veloz gesto, la hoja se liberó del cadáver del secuestrador y desapareció entre las sombras; el espectral rostro lo imitó.

—¡Maldito seas! —vociferó el otro humano agarrándose con fuerza la sangrante extremidad y girando en círculos—. No sé si eres un fantasma o estás vivo ¡pero a mí no me matarás como a un perro!

Una daga centelleó en el aire arañando su garganta.

—Un perro merece mayor respeto —proclamó la oscuridad misma…

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El origen de Dómino (3)

Aquello fue sólo el comienzo.

Pernhown, celoso en su afán por guardar su posesión más valiosa, ordenó que se estableciera una vigilancia continua frente a la puerta de la prisionera, compuesta por una rotación de tres hombres de su guardia. Del mismo modo, una mujer de la casa fue declarada exenta de sus obligaciones en la cocina para dedicarse en exclusiva a satisfacer las necesidades de la díscola guerrera, tanto de su nutrición como de su limpieza.

Los toscos grilletes que en un primer momento apresaron las extremidades de la elfa fueron pronto sustituidos por otros de cuero revestidos de tela mullida, al percatarse el noble de las erosiones que en sus forcejeos había sufrido la piel de muñecas y tobillos.

Las cadenas continuaron siendo de hierro.

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La oportunidad (5)

—Me preocupa que hasta el momento sólo nos hayamos topado con esos dos.

Grayt caminaba a su lado, atento a su entorno y con la mano firmemente apoyada en la empuñadura de su espada. Asintió a las palabras de su camarada con un firme cabeceo.

—Si no recuerdo mal, en la posada había tres zahrkos —comentó pensativo—. Pero por el aspecto que traían, diría que se dejaron a uno por el camino.

—Aún así, convendría andarse con ojo —sugirió Raitz a la par que amoldaba el saco a su hombro.

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Pureza

—Señor, no contestan.

Mientras el grueso de la flota imperial liberaba planetas apresados bajo el herético puño del Caos en la Cruzada particular del Señor de la Guerra Macaroth, el Gloria Aeterna había sido destinado a cumplir labores de inspección lejos de la línea del frente. Labores que ya llevaba ejerciendo desde hacía más de doscientos años. Osgothor, el almirante del Gloria Aeterna, más máquina que hombre y enterrado en el corazón metálico del navío, asumía con calmada ira esta afrenta en su mente mecánica, pero nunca profería queja en contra de este mandato.

Era la Palabra del Emperador.

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El origen de Dómino (2)

Dolor.

Confusas imágenes vagaban por su mente ofuscada. Figuras bestiales cargaban desdibujadas a través de la densa bruma que enturbiaba sus sentidos. Guturales bramidos resonaban en sus oídos mientras ella forcejeaba tratando de moverse y prepararse para interceptar el ataque.

Pero no era capaz de hallar sus armas por ninguna parte, tampoco una armadura protegía su cuerpo ni la máscara cubría su rostro. Luchó por apartarse, mas garras de pesadilla la sujetaron con fiereza, obligándola a permanecer donde estaba, atrapada en un blando lecho de podredumbre, sólidas telarañas haciendo presa de sus piernas.

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Kyress (4)

—¿Y para qué me iba a hacer falta?

—Nunca se sabe. Podrías encontrarte con cualquier cosa.

Llevaban toda la tarde hablando, a veces sentados en el colchón, en otras ocasiones aprovechando el espacio libre de la habitación para que él pudiera desarrollar sus demostraciones.

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Bases de una futura traición

—Nos encontramos aquí, en este glorioso día que pronto pasará a ser el primero de nuestra nueva Historia, para rendir homenaje a quienes, por su propia voluntad, se disponen a ofrecer el más precioso de los regalos: sus vidas.

Un clamoroso silencio inundó la sala, expresión del más profundo respeto mostrado por las personas que allí se reunían para tan espléndida ocasión.

—Son bien conocidos los problemas a los que nos hemos enfrentado desde que nuestra nave buscó refugio en este agreste planeta —prosiguió desde su atrio—. Nuestra cultura, valores, principios, nuestra forma de vida a fin de cuentas, e incluso los procesos vitales por los que se rige nuestra naturaleza, se han demostrado incompatibles y hasta deficitarios en comparación con las caprichosas exigencias biológicas imperantes en este ecosistema. Pronto lo comprendimos: nos enfrentábamos a la extinción total como especie.

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Ceniza (0)

«Vamos. Un poco más».

Si sus últimos pasos habían servido para acercarlo a su objetivo, la visión que le ofrecían sus ojos sanguinolentos lo desmentían.

Los calambres de las piernas provocaban que sus rodillas flaquearan. El sudor lo envolvía como una pátina de desesperación. La mano se cerraba con crispación alrededor de la negra madera del arma. Se negaba a ceder su presa, a pesar del repulsivo tono oscuro del que se iba tiñendo a medida que el basáltico polvo que se desprendía del endiablado arco se filtraba a través de su piel y le helaba la sangre en las venas.

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Un gato en casa

Hace un año adopté un gato.

Es la típica historia: chico joven y soltero, sin pareja y entregado a su trabajo, que encuentra cada día a su regreso la casa vacía y decide ponerle remedio por la vía más rápida y sencilla. Adoptando una mascota.

En realidad no estaba planeado. El sentimiento existía, pero no me había calado tan hondo como para plantearme el asunto con cierta urgencia. Ocurrió de forma inesperada.

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La oportunidad (1)

Nadie se giró para mirar cuando la quejumbrosa puerta de la fonda se abrió a un nuevo visitante. La atmósfera en el interior estaba suficientemente cargada de humo y densos efluvios humanos para que incluso la espesa cerveza negra perdiera su sabor. Que ésta estuviera convenientemente aguada para favorecer los intereses del tabernero obligaba a los parroquianos a ingerir enormes cantidades de la misma para lograr algún efecto.

El recién llegado avanzó con pericia entre el revoltijo de mesas y sillas desperdigadas por la sucia estancia, valiéndose de la pobre iluminación que aportaban los ruinosos cabos de unas pocas velas mal repartidas por los candeleros colgados de las descascarilladas paredes.

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 23 (fragmento)

El ser apartó la hojarasca que componía lo que parecía ser una capucha y ante Kylan apareció el exquisito rostro de piel oscura y ojos plateados de Airishae.

—Bésame —musitó la hykar.

Kylan, desconcertado, quedó inmóvil y con la boca ligeramente entornada, circunstancia que aprovechó la elfa de la sombra para acercar su rostro al del guerrero y posar sus labios en un ardiente y desbocado beso.

Varias preguntas e inquietudes llegaron a la mente del joven mestizo, mas pronto se difuminaron al abandonarse a las cálidas exigencias de una sensual y voraz Airishae.

Los brazos de la fémina se enredaron como veloces zarcillos rodeando y apresando el torso del semihykar. Sus dedos, largas y ágiles sierpes, jugueteaban suave y pausadamente con su indefensa presa. Su lengua, un hábil depredador que exploraba con deleite y placer la húmeda boca del varón. Unas ávidas caricias que fueron progresivamente ganando en pasión e intimidad cuando superaron la frágil frontera de las vestiduras…

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Que merezca la pena

¿Os he contado en alguna ocasión que estuve enamorado? ¿Y que ella murió?

¡Vamos, no pongáis esas caras! No es una historia triste, ¡ni mucho menos! Así que, traedme otra jarra de vino y os contaré lo que sucedió.

 

«Vamos, vamos. Cuidado…»

Puso extremo cuidado en levantar el pie y deslizarlo apenas a un par de dedos del mecanismo que activaba la trampa. Ignoraba qué podría desencadenar, pero tampoco necesitaba saberlo. Procuraba que su insaciable curiosidad se alimentase resolviendo misterios de condición menos peligrosa.

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Heraldos de la Tormenta: Mazmorras de Ventormenta (I)

—Mi hermana enterrada entre libros y papeles. Lo último que me quedaba por ver.

Sólo cuando Kyrphen levantó la cabeza del documento que era objeto de su estudio reparó en lo mucho que le dolían los huesos a causa de la incómoda postura. Tras arquear angustiosamente la espalda contra la silla de duro respaldo, sintió la terrible necesidad de frotarse los ojos.

—¿Kephyr? —pronunció aturdida—. ¿Qué hora es?

—Falta poco para que amanezca. Harías bien en marcharte a la cama y descansar un poco.

—Siempre cuidando de mí —agradeció la paladín reconvertida a comandante con una sonrisa cansada.

—Alguien tiene que hacerlo —le reprochó su hermana, pero sin ánimo de zaherirla.

—Pues me temo que el descanso tendrá que esperar. Tengo aún muchos documentos que revisar y al alba habré de elevar mis oraciones.

A punto estuvo Kephyr de censurarle su enfermiza devoción, mas de sobra consciente de que aquella era una batalla perdida de antemano, optó por probar otra estrategia.

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Alguien tiene que hacerlo

Un funesto sentimiento de aprensión acompañó al movimiento de la puerta al abrirse.

El día había despertado con aquel cielo plomizo que no presagiaba nada bueno. Macilento, el sol apenas se atisbaba tras el denso manto agrisado de las nubes, claudicando ante el frío empuje del inminente invierno.

Pronto llegarían las primeras nevadas. Y, con ellas, el terror.

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El origen de Dómino (4)

—A pesar de nuestros frecuentes encuentros, han transcurrido meses desde que conversamos por última vez.

Tumbada sobre el potro y con el cuerpo en forma de aspa anclado a su superficie y esquinas, Aliekki trató en vano de acurrucarse en cuanto escuchó la puerta abrirse. Con la respiración acelerada, en su mente sólo residía una única y solitaria esperanza: que acabara cuanto antes para volver a refugiarse en las sombras que poblaban su mundo.

No obstante, su deseo no se cumpliría de inmediato.

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Ashirya (I). La Llegada

Y el momento llegó.

Atrás habían quedado ya el pánico generalizado ante la llegada del primer monstruoso monolito, los suicidios en masa y los ataques nucleares preventivos. El ejemplo ofrecido al mundo por el fanatismo, tanto religioso como bélico, de Irán y Korea del Norte había bastado para apaciguar los ánimos de las grandes superpotencias. Sendos cráteres humeantes donde antaño se erigían estas naciones se podían apreciar en las imágenes concedidas por los satélites en órbita alrededor de la Tierra. ¿La aniquilación de millones de seres humanos a consecuencia de las decisiones de unos pocos depravados podía justificarse como un acto en defensa propia?

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 1 (fragmento)

Pero ella había logrado escapar de todo esto. Su única afición, sobrepasando sus deberes y labores en repetidas ocasiones, era la lectura, en cuya ocupación pasaba horas y horas sin deber, o querer, hacer ninguna otra cosa. No obstante, su condición social se lo permitía.

El tema de los libros no trataba sobre antiguos sabios, grandes señores o poderosos magos que se vanagloriaban de su renombre y dejaban sus obras para el deleite propio ante sus lectores, en la exposición pública de su engreída magnificencia.

No. El contenido era bien distinto.

Las páginas estaban llenas del colorido, a veces intenso y crudo, de la acción de la guerra. Una batalla eterna entre las fuerzas del bien contra las fuerzas oscuras. Las tropas de la luz, normalmente representadas por seres de las razas humana, élfica y thogûn, se enfrentaban en situaciones imposibles de minoría e inferioridad a los vastos ejércitos de raigans, demonios, hykars y otras criaturas maléficas; y siempre salían con vida de sus luchas o, incluso, salían victoriosos…

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Quien vale soy yo, de José Losada

Si alguien es capaz de aliviar la intranquilidad que me mueve como si estuviera expuesto a un sinfín de cables de corriente eléctrica que me elevan y me sueltan infinidad de veces sin remedio conocido, que me ayude, se lo suplico; que haga el favor de reducir mis fuerzas mortíferas para que yo, un pobre inculto de la vida, aun siendo clave para esta, se centre y no culmine con inconsciencia lo que puede remediarse de forma humana…

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Basura humana

Todo comenzó como suelen comenzar estas cosas.

Unos científicos jugaban a ser dioses en su altar tecnológico en aras del conocimiento (o de la destrucción; es una frontera difusa la que separa ambos conceptos), cuando algo salió mal.

Las lecturas se dispararon, las luces empezaron a parpadear y allí, donde no había nada, se desgarró el propio tejido del universo para revelar un agujero a la auténtica nada.

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Érase una vez

Os voy a contar la historia de cómo el hombre, enfrentado a la adversidad y volviéndose consciente de sus facultades, logró alcanzar la cima de su perfección.

De cómo, una vez superadas las taras puramente culturales, abrazó a sus semejantes, ignorados absurdos recelos como la raza, el sexo o la religión, hermanados por una causa superior en sí misma: el ser humano.

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Un cable suelto

—¿Qué hay, Biff?

Absorto como estaba, analizando los datos que aparecían en la pantalla de su portátil, no pudo menos que sorprenderse ante la inesperada visita.

—¿Max? —se giró en la silla, sin hacer intención de levantarse. Dejó la caja abierta de pizza que tenía en las rodillas sobre un solitario rincón libre de la atestada mesa—. No escuché la puerta. ¿Qué haces aquí?

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La oportunidad (8)

«En qué pensaba cuando accedí a esto…»

Tras terminar una ronda por los barrios más sórdidos de Nalass, Zaincalan regresó al cuartel. Al llegar, le dieron un mensaje: el comisionado no sólo quería verle; le esperaba en el piso de arriba. En el despacho.

Aterido y con los pies doloridos tras horas de insulsa caminata, el guardia de la milicia local ascendió con cierto desasosiego los peldaños que lo separaban de su superior.

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La oportunidad (3)

Abrosi abrió la puerta muy despacio. A su espalda aguardaban Asium y Nejana, con las manos en sus espadas, temerosos de lo que pudiera estar aguardándoles al otro lado.

El mayor de los tres terminó de girar la hoja y se apartó para cederles el paso a sus amigos. Con mucho cuidado, éstos entraron en el amplio corredor. Cada uno se aprestó a un lado, bien pegados a la pared, en tanto Abrosi echaba mano a su lanza y en un revuelo de plumas rojizas tomaba el centro.

Aunque las primeras luces del amanecer iluminaban ya los campos, los muros del Castillo Allard no permitían que se filtrase ni un rayo de claridad a su interior.

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Propia pureza

Resultaba muy difícil encontrar a alguien tan generoso como él.

Tan generoso, sincero, fiel, leal, íntegro, honrado… En resumidas cuentas, era un dechado de virtudes.

Pero estas virtudes no las tenía de nacimiento, no.

Con gran esfuerzo había dedicado por entero su vida a purgar de sí mismo los defectos que veía en los demás, que tanto le afectaban.

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Blanca prórroga

Sin duda, se trataba de la peor noche de invierno que se recordaba en años.

El rítmico flap-flap del limpiaparabrisas invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar, acunados por las sinuosas ráfagas de viento que eventualmente balanceaban el vehículo.

Los algodonosos copos se amontonaban en la luna delantera, implacablemente eliminados tras el periódico barrido de las escobillas de plástico duro; sólo para volver a enseñorearse del cristal a la espera de la siguiente pasada.

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Kyress (6)

-Es tan… extraño.

Trierne daba cortos y titubeantes paseos por la casa, tan torpe como un bebé en sus primeros pasos. Mientras, él no se había movido del colchón ni cambiado de postura.

-¿Me lo dices o me lo cuentas? Te recuerdo que soy yo la que está viendo cómo haces tropezar mi cuerpo por una habitación vacía.

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El globo (#historiasdemiedo concurso Zenda)

No tendría que haber ocurrido nada especial.

Cumplíamos cinco años desde que nos conocimos y mi novia quiso celebrarlo cocinando una tarta cargada de recuerdos y sentimientos, llenando de guirnaldas la casa y comprando un globo de helio, de ésos que flotan hasta el techo atados con un cordel, con la forma de un cinco enorme.

Con los tiempos que corren, celebrar cinco años juntos no era poca cosa, no cuando lo haces con el deseo de seguir celebrando otros cinco y cinco veces más.

 

A la mañana siguiente tocó volver a la rutina del trabajo. Se recogieron las guirnaldas y la tarta acompañó nuestros desayunos y postres durante un par de días más.

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 4 (fragmento)

Por supuesto vestiría la cota de mallas mágica de su madre, mas aunque el metal plateado estaba tan bien acabado tanto por el interior como por el exterior del peto que llegaba a resultar grato al tacto, se cubrió el torso desnudo con una prenda de tela para llevar algo bajo la armadura. Se enfundó en las piernas unas cómodas calzas de color negro como la blusa y las altas botas de cuero carentes de tacón. A continuación adaptó la cota al pecho, que se ajustó y cerró sin necesidad de correas. Los brazaletes ya los llevaba puestos, por lo que sólo le faltaba la pieza de la cabeza para completar la armadura; tomó entre sus manos la exquisita tiara de luminosa plata y excelente artesanía y la acomodó en la frente sujetando su espeso y fino cabello azabache…

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Ceniza (1)

Aún no entiendo muy bien cómo empezó todo.

Tenía una vida tranquila, segura. Ya desde joven había tenido las ideas suficientemente claras para no embarcarme en caminos en pos del éxito social o la ambición. Entendía las ventajas que suponía trabajar para el estado, como ahorrarse ese sinvivir que supone ignorar si puedes meterte en una hipoteca porque el despido pueda estar rondándote a la vuelta de la esquina.

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 21 (fragmento)

Si este asombroso suceso los espoleó a dar un paso adelante, lo siguiente en ocurrir los obligó a retroceder y contener el aliento.

Dos colosales engendros del Inframundo, tan altos como las pilastras que se alzaban frente a ellos pero infinitamente más gruesos y poderosos, surgieron del interior del edificio. Enarbolaban descomunales martillos de hierro oxidado, indiferentes a su terrible peso. En sus rostros de pesadilla, unos crueles ojillos se abrieron ansiosos al reconocer la naturaleza de sus próximas víctimas.

La turba de demonios que se interponía entre ellos y aquellos dos monstruos, enaltecidos por la presencia de sus campeones, a punto estuvo de dar al traste con la incursión, al embestir contra la primera línea y hacerla recular. Entre la reinante confusión de tropiezos y caídas, afianzados uno en el apoyo del otro, Anthar y Ashara resistieron los primeros momentos del choque y lograron contenerlo. El objetivo estaba demasiado cerca como para fracasar ahora.

Aunaron sus gritos de batalla y arremetieron con todo, Ashara arrollando con su escudo y lanzando estocadas bajas con la espada, en tanto Anthar abría un amplio espacio a su alrededor por la fuerza de sus mandobles. Acobardados en un primer momento por la aterradora aparición, los demás elfos se terminaron sumando a la carga liderada por sus compañeros cuando comprobaron que aquellos monstruosos seres no avanzaban hacia ellos, sino que se limitaban a vigilar desde lo alto de la escalinata. Dotados de una disciplina impropia a los de su raza, aquellos dos guardianes tenían como único cometido proteger el interior de la antigua construcción de indeseadas intrusiones. Implacables, esperaban el momento de actuar.

Y éste llegó, cuando Anthar al decapitar a un par de demonios abrió brecha y Ashara no dudó un instante en precipitarse por ella. La elfa aplastó el rostro de una vociferante criatura que embestía desde su derecha, girando y atravesando su nuca con la punta de la espada. Cuando encaró al frente, se descubrió en la base de la escalinata, sin otros adversarios a su alcance, salvo aquellos dos aterradores que aguardaban ante las puertas nuevamente cerradas del Templo.

No esperó. No se detuvo a reflexionar. Llegados a este punto, no quedaba nada en qué pensar. Aspiró hondo hasta donde le permitió la coraza y exhaló un poderoso grito que inflamó la rabia que ardía en su pecho mientras cargaba escaleras arriba…

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El origen de Dómino (5)

Poco tiempo transcurrió hasta que el noble tuvo que acudir a satisfacer otro asunto, lejos de sus tierras.

Y tras ello, menos tiempo pasó hasta que los depravados milicianos decidieron hacer acto de presencia en su habitación.

Las habladurías corrían al respecto de la nueva condición de la prisionera. Había quienes sostenían que, dadas sus reiteradas negativas, Pernhown había resuelto mutilarla, cortándole pies y manos, para asegurarse de que nunca podría escapar. Otros, que la elfa había recurrido a la magia infame de los suyos y se había transformado en un monstruoso demonio, obligando a su señor a firmar un pacto con los Poderes Ruinosos. También los había quienes decían que estaba muerta, que el viejo la había matado en un arrebato de furia, y ahora disfrutaba poseyendo su corrupto cadáver.

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La oportunidad (9)

—Y mira por dónde…

—Mantened las manos donde pueda verlas. Por la autoridad que me confiere la Corona de Nalass, quedáis a arrestados.

—Pues ya estamos todos —proclamó el menhori, no mostrándose ni un ápice intimidado por la actitud amenazante del miliciano.

—Soltad las armas —replicó Zaincalan, atento a sus posibles movimientos.

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Exilio

Me detuve al dejar de escuchar el leve roce de sus pisadas en la hojarasca.

Khräis había vuelto la cabeza y sus ojos observaban con fijeza lo que dejábamos atrás, vidriosos por la emoción contenida, como si tratasen de grabar aquella imagen a fuego en su memoria.

Quise acercarme, apoyar mi mano en su hombro en un burdo intento de reconfortarla. El compromiso exigía dar aquel paso y la decisión era inamovible; aunque reconocerlo no aliviaba el pesar que envolvía nuestra partida.

No me dio opción. Vi cómo se mordía el labio con rabia y, con toda la determinación que atesoraba en su menudo cuerpo, se arrojó a retomar el camino allí donde lo habíamos dejado.

En silencio, me conformé con seguir sus pasos.

Sin dejar de mirarla.

Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 3 (fragmento)

La mestiza se mostró en un principio cautelosa, asombrada por la exaltada reacción de Ravnya, aunque después no dudó en dar rienda suelta a unas emociones previamente encendidas. El fuego que prendió en el interior de su pecho la condujo a beber de sus labios, a mordisquearlos con íntima delicadeza, a entregarse ambas a una coreografía no ensayada que las arrastró lejos del árbol, hasta dejarse caer sobre la hierba, una junto a la otra, mientras sus cuerpos se entrelazaban por propia voluntad anhelando una cercanía imposible, abrazándose con pasión, sin que sus labios se separaran por un instante.

Dada su mayor corpulencia, Dyreah aprovechó para alzarse sobre la otra. Desde esta aventajada posición regaló de besos y caricias su rostro y cuello, privada ésta de toda voluntad por resistirse, echando para atrás la cabeza y dejándose hacer. Pero Ravnya no valía para quedarse quieta durante mucho tiempo, así que no vaciló en echar mano al extraordinario vigor que escondía en su menudo cuerpo para volver las tornas y encaramarse sobre su compañera, proporcionando con gusto las atenciones recibidas, si era posible, con mayor intensidad.

En una tregua en el que ambas yacían tumbadas de lado, rodeándose con los brazos y mirándose fijamente, necesitadas de unos momentos para recuperar el resuello y las fuerzas, Dyreah levantó una de sus manos para acariciar el rostro de Nya, que se frotó zalamera contra ella, persiguiendo su contacto. Trató de apresarla con la barbilla cuando ésta bajó por su cuello y cerró los ojos a la vez que exhalaba un inesperado gemido cuando los dedos se deslizaron por encima de la tela que cubría su pecho. La mestiza notó cómo los músculos del vientre de la muchacha dieron un involuntario espasmo cuando la palma de su mano recorrió su estómago, girando allí para ascender de nuevo por su torso, despertando idénticas sensaciones a medida que avanzaba.

Cuando volvieron a cruzarse sus miradas, no hubo nada ya que impidiera que Dyreah comenzara a desabrochar los corchetes de la guerrera de la joven. Ni que, a continuación, Ravnya soltase los botones que cerraban la blusa de la semielfa…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 18 (fragmento)

Sólo cuando se halló a una corta distancia se disolvió la capa de sombras que envolvía su faz y se revelaron sus facciones. La piel de la cara era extremadamente blanca y los rasgos, aunque delicados, se marcaban con fuerza en su rostro. El largo cabello rubio lucía un brillo tan apagado como sus ojos azules, lánguidos y cansados. La única nota de color se apreciaba en sus labios, de un intenso color carmesí. No era necesario descubrir las orejas puntiagudas ocultas debajo del pelo; se trataba sin lugar a dudas de un elfo.

—¿Quién eres? —inquirió la mestiza, desconcertada por la naturaleza del recién llegado.

—Mi nombre es Galoran, Galoran Afrenta de Alaethar, Sombra de la Luz, Enemigo de Aal —se presentó esbozando el conato de una reverencia que no llegó a ejecutar—. Y como casuales invitadas en mis dominios, os rogaría que no destruyerais ninguno más de mis curiosos… guardianes.

Realizando un barrido con los brazos que abarcaba todo el lugar y revelaba la cercana presencia de al menos dos decenas de smudz a su alrededor, el extraño elfo desnudó una fría sonrisa en la que exhibía unos abultados y afilados colmillos…

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Ashirya (III). El Juicio

Ashirya permanece sola, sin más compañía que los vientos de tormenta en cientos de kilómetros a la redonda.

Y baila.

Su cuerpo menudo danza al compás de las turbulentas corrientes de aire que hacen restallar sus níveos cabellos como los nudos de un látigo esgrimido con violencia.

Alza los brazos con vestal majestuosidad hacia los cielos embravecidos, las delicadas manos juegan con las tormentas desatadas que, sin llegar a rozar su etérea figura, liberan su ácida carga sobre la tierra devastada.

Los pies desnudos flotan sobre remolinos de polvo, restos atomizados de un pasado que creyó considerarse civilización.

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Legado de Sombras. El rescate (fragmento)

—¿Y quién está hablando ahora? ¿La ladrona humana amante de los hykars, o la implacable cazadora de renegadas auspiciada por Maevaen? —escupió él con veneno.
—La mujer que dejando aparte sus orígenes, no olvida los favores recibidos ni las promesas dadas; la misma mujer que está dispuesta a partirte la cara con tal de mantenerte a salvo.

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Dial muerto

—¡Ja, ja! ¡Vaya cara! —se burló ella al entrar, sin necesidad de encender las luces—. ¿Qué estás viend…? ¡Pero qué es eso! ¡Quítalo! ¡Quita eso! ¡Apágala! ¡Pero por qué no la apagas…!

Él, sin poder apartar la mirada de la pantalla, respondió.

—Ya está apagada…

El origen de Dómino

Cuando comencé a escribir La leyenda de Dómino, allá por Junio de 2010, inevitablemente tuve que meterme en la mente del detective Axelsson y exponerme al implacable entorno que le rodeaba.

El universo de Warhammer no es tan plácido como el que podemos encontrar en otras sagas de la fantasía épica popular, tales como Reinos Olvidados o Dragonlance. La corrupción acecha en cada esquina, los pérfidos Dioses del Caos tiran de sus hilos y toda criatura (sea humana o no), puede convertirse en un pelele más en su suprema batalla por la hegemonía.

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La oportunidad (7)

No había terminado Lacarys de limpiar su arma de la sangre del demenciado heraclón, cuando una voz lo sorprendió a sus espaldas.

—Te desenvuelves bien.

El menhori adoptó al instante una postura defensiva, con las piernas flexionadas y una pequeña hacha sujeta en cada mano.

La lagara se recostaba indolente contra el quicio de la puerta, con los brazos cruzados frente al pecho. Al girar la cabeza para mirarle, el pálido cabello se derramó lacio sobre su hombro.

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 17 (fragmento)

—Thäis Shade —exhaló de pronto el mestizo con un suspiro.

Dyreah quedó conmocionada al escuchar su antiguo alias de los labios del semielfo de la sombra.

«¡Se acuerda de mí!», se sorprendió la gata.

—Thäis, un hermoso nombre; sin embargo, no tanto como su portadora. Parecía bastante gentil y agradable, además de atrevida y decidida, pero sus rasgos… No creo que ningún bardo haya podido reflejar en sus versos tal belleza como la que poseía Thäis.

La semielfa sintió ruborizarse de nuevo hasta tal punto, que pensó que ni su metamorfosis la ocultaría…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 21 (fragmento)

Una vez que las trenzas volvieron a estar debidamente tejidas y las plumas alisadas y en su sitio, Dyreah se detuvo por unos instantes a admirar su obra. El resultado era espléndido; Ravnya estaba radiante. Y plácidamente dormida, tal y como indicaba el acompasado ritmo de la respiración del menudo cuerpo que yacía acurrucado en torno a sus piernas.

«Es increíble, qué precioso es su cabello cuando el sol lo ilumina de ese modo, tocado con las plumas…» La mestiza permanecía prendida, fascinada de la salvaje belleza de la muchacha que de forma tan plácida se rendía a sus atenciones.

Bajó una de las manos y la hizo descender a lo largo de su mejilla, recorriendo la barbilla y rozando muy levemente el rubor de sus labios con la yema de los dedos. Se recreó en el agradable tacto de su piel, entreteniéndose en bordear la suave línea de sus rasgos. Una deliciosa fragancia a flores brotaba de ella, aderezado con un aroma dulce que Dyreah había aprendido a reconocer como propio de su compañera. Fue inclinándose progresivamente, despacio y con los ojos cerrados, identificando la mezcolanza de esencias naturales que emanaban de la joven, absorbiéndolos todos, hasta percibir en su cercanía el calor de su hálito. Cuando entreabrió la mirada, la semielfa descubrió que su íntima exploración la había conducido a detenerse a escasos milímetros del rostro de Ravnya, sus labios casi en contacto con los de ella. La verdadera sorpresa no fue advertir lo inapropiado de su postura, sino el firme deseo de no querer abandonarla y rasgar así la intensa envoltura de sensaciones que agitadas, recorrían su cuerpo. Superado aquel vivo instante, retornó al necesario sostén del árbol y trató de recomponerse, con la respiración agitada y las temblorosas manos fijadas al suelo…

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Ashirya (II). La Revelación

15 de Marzo de 2012.

Bien conocida era ya esta fecha, añadida apresuradamente a todos los libros de historia, sin que faltara una creciente reseña en la Wikipedia. El Día del Primer Contacto. El Día de la Llegada. Incluso había quienes quisieron considerarlo como el Segundo Advenimiento, pero por fortuna a estos pocos no se les prestó ninguna atención.

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Invasion (English)

They said they came in peace.

They introduced themselves as members of a small expedition, dedicated to the discovery of new cultures and civilisations, with the sole purpose of sharing knowledge and making us privy to the great achievements of their species.

They were curious about us, about our race. The Human Race.

Fools.

I am Captain Mathias Zarke, aboard the Tempest, one of the thousands of ships built with the recently acquired alien technology.

We fly in formation. Destination: Ansraak, their planet.

The invasion begins.

Traducido por Martín Contreras Carrizosa

Así comienza la historia… (Zahiri y Zihara 1)

No me preguntes por mi nombre, no tiene importancia ninguna.

Sólo soy un pobre viejo a la que la Fortuna quiso sonreír, quizá con sorna o guiñando un ojo, pero en verdad que me siento agradecido por lo que el Destino deseó para mí.

¿Que no soy tan viejo? ¡Que os den por ahí! ¿Estoy a punto de relatar una historia absolutamente fantástica y por lo único que os interesáis es por mi destartalada persona?

Sabed que nunca olvidaré aquel día, con el cielo amenazando con romperse en pedazos de tan negras que eran las nubes y violentos los relámpagos que iluminaban la noche. La tierra temblaba bajo los pies y el viento hacía restallar las ramas de los árboles. ¿Cómo que antes dije que había sido de día, en un tórrido día soleado? Quizá sea cierto, pero de tan furiosa que fue la tormenta nocturna, tan calmo amaneció el día postrero.

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Legado de Sombras. La maga (fragmento)

—Ashara… ¡Ay, Ashara! Cuya hermosa figura, y aún más su sucia boca, eran dueñas de mis más veleidosos deseos… —sollozó con melancolía—. Fue nuestra capitana, nuestra líder, la recia columna que sostenía esta ahora deshecha compañía. Murió en la toma de Aeral. Sin su heroico sacrificio tal proeza no hubiera sido posible. Valiente y estúpida arrogante…

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El origen de Dómino (6)

La repentina llegada del noble no la sorprendió en absoluto.

Entró pavoneándose, esgrimiendo su bastón y dedicándole una presuntuosa mirada. Se paseó a su alrededor, en silencio, como si estuviese considerando de qué modo abordar el asunto que le había conducido hasta allí. Sus ojos exploraron el cuerpo de la mujer, demorándose en las zonas amoratadas de su piel.

—Observo que te han atendido de manera satisfactoria. En unos días apenas quedarán marcas visibles.

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Invasión

Dijeron venir en son de paz.

Se presentaron como miembros de una reducida expedición de exploración, dedicada al descubrimiento de nuevas culturas y civilizaciones, con la única intención de compartir conocimientos y hacernos partícipes de los grandes logros que había alcanzado su especie.

Sentían curiosidad por nosotros, por nuestra raza. La Raza Humana.

Estúpidos.

Soy el capitán Mathias Zarke, a bordo de La Tempestad, una de las miles de naves construidas con la tecnología alienígena recientemente adquirida.

Volamos en formación. Nuestro destino: Ansraak, su planeta.

Comienza la invasión.

A través del ciberespejo

Advertencia. Algunas de las escenas descritas en este relato pueden herir la sensibilidad del lector.

 

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Fatídica esperanza

—Por qué no giraste la llave… ¡Por qué!

—Por un momento pensé que la Humanidad merecía una segunda oportunidad. —Alzó la mirada y contempló la tierra devastada que se extendía hasta donde alcanzaba la vista—. Que Dios me perdone. Me equivoqué.

Trueque de sangre

Me llamo Jinsel, y soy un oportunista.

Ahora mismo estoy a punto de arreglar un asunto de lo más conveniente para mis negocios.

A ver, comprobemos todo antes de salir. Ella aún está sin sentido. Bien. Tiene las manos y los pies bien atados a los postes de la cama. Tiraré un poco… Sí, no se soltará. Y la mordaza. Porque no queremos que nadie pueda escucharte gritar y nos arruine la diversión, ¿verdad, encanto? Y el colgante, ese precioso colgante que tanto me gusta en su sitio, alrededor de tu lindo cuello.

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Decenas de relatos para todos los gustos.

Fantasía, gótico, ficción, terror, romance, épico… ¿Por qué no pruebas a encontrar tu favorito?