Basura humana

Todo comenzó como suelen comenzar estas cosas.

Unos científicos jugaban a ser dioses en su altar tecnológico en aras del conocimiento (o de la destrucción; es una frontera difusa la que separa ambos conceptos), cuando algo salió mal.

Las lecturas se dispararon, las luces empezaron a parpadear y allí, donde no había nada, se desgarró el propio tejido del universo para revelar un agujero a la auténtica nada.

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Invasion (English)

They said they came in peace.

They introduced themselves as members of a small expedition, dedicated to the discovery of new cultures and civilisations, with the sole purpose of sharing knowledge and making us privy to the great achievements of their species.

They were curious about us, about our race. The Human Race.

Fools.

I am Captain Mathias Zarke, aboard the Tempest, one of the thousands of ships built with the recently acquired alien technology.

We fly in formation. Destination: Ansraak, their planet.

The invasion begins.

Traducido por Martín Contreras Carrizosa

Cálculo de humanos

—Pase por aquí, señor Steinweis.

La curiosa comitiva formada por un trajeado ejecutivo y técnicos con batas blancas franqueó las puertas de policromato plástico cuando el científico y relaciones públicas del evento introdujo su biotarjeta y permitió que el sensor tomara una instantánea de su retina. El procedimiento pareció resultar satisfactorio, pues ni saltaron los cierres de titanio endurecido de sus anclajes, ni estallaron las alarmas en un jolgorio de luces estroboscópicas y aullantes alaridos.

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Un cable suelto

—¿Qué hay, Biff?

Absorto como estaba, analizando los datos que aparecían en la pantalla de su portátil, no pudo menos que sorprenderse ante la inesperada visita.

—¿Max? —se giró en la silla, sin hacer intención de levantarse. Dejó la caja abierta de pizza que tenía en las rodillas sobre un solitario rincón libre de la atestada mesa—. No escuché la puerta. ¿Qué haces aquí?

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Fatídica esperanza

—Por qué no giraste la llave… ¡Por qué!

—Por un momento pensé que la Humanidad merecía una segunda oportunidad. —Alzó la mirada y contempló la tierra devastada que se extendía hasta donde alcanzaba la vista—. Que Dios me perdone. Me equivoqué.

Ashirya (III). El Juicio

Ashirya permanece sola, sin más compañía que los vientos de tormenta en cientos de kilómetros a la redonda.

Y baila.

Su cuerpo menudo danza al compás de las turbulentas corrientes de aire que hacen restallar sus níveos cabellos como los nudos de un látigo esgrimido con violencia.

Alza los brazos con vestal majestuosidad hacia los cielos embravecidos, las delicadas manos juegan con las tormentas desatadas que, sin llegar a rozar su etérea figura, liberan su ácida carga sobre la tierra devastada.

Los pies desnudos flotan sobre remolinos de polvo, restos atomizados de un pasado que creyó considerarse civilización.

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Ashirya (II). La Revelación

15 de Marzo de 2012.

Bien conocida era ya esta fecha, añadida apresuradamente a todos los libros de historia, sin que faltara una creciente reseña en la Wikipedia. El Día del Primer Contacto. El Día de la Llegada. Incluso había quienes quisieron considerarlo como el Segundo Advenimiento, pero por fortuna a estos pocos no se les prestó ninguna atención.

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Ashirya (I). La Llegada

Y el momento llegó.

Atrás habían quedado ya el pánico generalizado ante la llegada del primer monstruoso monolito, los suicidios en masa y los ataques nucleares preventivos. El ejemplo ofrecido al mundo por el fanatismo, tanto religioso como bélico, de Irán y Korea del Norte había bastado para apaciguar los ánimos de las grandes superpotencias. Sendos cráteres humeantes donde antaño se erigían estas naciones se podían apreciar en las imágenes concedidas por los satélites en órbita alrededor de la Tierra. ¿La aniquilación de millones de seres humanos a consecuencia de las decisiones de unos pocos depravados podía justificarse como un acto en defensa propia?

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Invasión

Dijeron venir en son de paz.

Se presentaron como miembros de una reducida expedición de exploración, dedicada al descubrimiento de nuevas culturas y civilizaciones, con la única intención de compartir conocimientos y hacernos partícipes de los grandes logros que había alcanzado su especie.

Sentían curiosidad por nosotros, por nuestra raza. La Raza Humana.

Estúpidos.

Soy el capitán Mathias Zarke, a bordo de La Tempestad, una de las miles de naves construidas con la tecnología alienígena recientemente adquirida.

Volamos en formación. Nuestro destino: Ansraak, su planeta.

Comienza la invasión.

Bases de una futura traición

—Nos encontramos aquí, en este glorioso día que pronto pasará a ser el primero de nuestra nueva Historia, para rendir homenaje a quienes, por su propia voluntad, se disponen a ofrecer el más precioso de los regalos: sus vidas.

Un clamoroso silencio inundó la sala, expresión del más profundo respeto mostrado por las personas que allí se reunían para tan espléndida ocasión.

—Son bien conocidos los problemas a los que nos hemos enfrentado desde que nuestra nave buscó refugio en este agreste planeta —prosiguió desde su atrio—. Nuestra cultura, valores, principios, nuestra forma de vida a fin de cuentas, e incluso los procesos vitales por los que se rige nuestra naturaleza, se han demostrado incompatibles y hasta deficitarios en comparación con las caprichosas exigencias biológicas imperantes en este ecosistema. Pronto lo comprendimos: nos enfrentábamos a la extinción total como especie.

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