Legado de Sombras. El rescate (fragmento)

—¿Y quién está hablando ahora? ¿La ladrona humana amante de los hykars, o la implacable cazadora de renegadas auspiciada por Maevaen? —escupió él con veneno.
—La mujer que dejando aparte sus orígenes, no olvida los favores recibidos ni las promesas dadas; la misma mujer que está dispuesta a partirte la cara con tal de mantenerte a salvo.

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Legado de Sombras. El engaño (fragmento)

—No, ¡de verdad! Algo me dice, y me refiero a un sexto sentido, al instinto, no que esté escuchando voces en mi cabeza, eso hace tiempo que no me pasa, y menos mal, me llevaba cada susto que para qué contarte… Pues eso, que tengo la sensación de que no son simples labriegos buscando algo que trasegar, pues sin duda que eso que asoma del cinturón de ese hombre de atrás es la empuñadura de un cuchillo, y lo que ese otro trata, torpemente, de esconder bajo la manga es una porra, y ya, por sí misma, no me gusta la cicatriz del rostro de ese otro, el de la sonrisa a la que le faltan dientes.
—Rid, cállate ya —exhortó Kylan, pendiente del menor de los movimientos de cualquiera de aquellos hombres—. Nos están asaltando.

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Legado de Sombras. La maga (fragmento)

—Ashara… ¡Ay, Ashara! Cuya hermosa figura, y aún más su sucia boca, eran dueñas de mis más veleidosos deseos… —sollozó con melancolía—. Fue nuestra capitana, nuestra líder, la recia columna que sostenía esta ahora deshecha compañía. Murió en la toma de Aeral. Sin su heroico sacrificio tal proeza no hubiera sido posible. Valiente y estúpida arrogante…

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 17 (fragmento)

Apretó el dije en su mano y lo ocultó de nuevo bajo la ropa, fortalecida su determinación.

Fue entonces cuando se percató de la presencia de una figura en su cercanía. Descubierta, la joven feryan, lejos de mostrarse cohibida, adelantó sus pasos hasta quedar frente al mestizo. El viento agitaba su rojiza melena y amortiguaba el leve crujido de sus pisadas en la nieve.

—Hola —saludó Zithra, clavando sus ojos azules en los de Kylan y pintando una traviesa sonrisa en sus labios—. ¿Crees en el destino…?

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 21 (fragmento)

Si este asombroso suceso los espoleó a dar un paso adelante, lo siguiente en ocurrir los obligó a retroceder y contener el aliento.

Dos colosales engendros del Inframundo, tan altos como las pilastras que se alzaban frente a ellos pero infinitamente más gruesos y poderosos, surgieron del interior del edificio. Enarbolaban descomunales martillos de hierro oxidado, indiferentes a su terrible peso. En sus rostros de pesadilla, unos crueles ojillos se abrieron ansiosos al reconocer la naturaleza de sus próximas víctimas.

La turba de demonios que se interponía entre ellos y aquellos dos monstruos, enaltecidos por la presencia de sus campeones, a punto estuvo de dar al traste con la incursión, al embestir contra la primera línea y hacerla recular. Entre la reinante confusión de tropiezos y caídas, afianzados uno en el apoyo del otro, Anthar y Ashara resistieron los primeros momentos del choque y lograron contenerlo. El objetivo estaba demasiado cerca como para fracasar ahora.

Aunaron sus gritos de batalla y arremetieron con todo, Ashara arrollando con su escudo y lanzando estocadas bajas con la espada, en tanto Anthar abría un amplio espacio a su alrededor por la fuerza de sus mandobles. Acobardados en un primer momento por la aterradora aparición, los demás elfos se terminaron sumando a la carga liderada por sus compañeros cuando comprobaron que aquellos monstruosos seres no avanzaban hacia ellos, sino que se limitaban a vigilar desde lo alto de la escalinata. Dotados de una disciplina impropia a los de su raza, aquellos dos guardianes tenían como único cometido proteger el interior de la antigua construcción de indeseadas intrusiones. Implacables, esperaban el momento de actuar.

Y éste llegó, cuando Anthar al decapitar a un par de demonios abrió brecha y Ashara no dudó un instante en precipitarse por ella. La elfa aplastó el rostro de una vociferante criatura que embestía desde su derecha, girando y atravesando su nuca con la punta de la espada. Cuando encaró al frente, se descubrió en la base de la escalinata, sin otros adversarios a su alcance, salvo aquellos dos aterradores que aguardaban ante las puertas nuevamente cerradas del Templo.

No esperó. No se detuvo a reflexionar. Llegados a este punto, no quedaba nada en qué pensar. Aspiró hondo hasta donde le permitió la coraza y exhaló un poderoso grito que inflamó la rabia que ardía en su pecho mientras cargaba escaleras arriba…

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 3 (fragmento)

La mestiza se mostró en un principio cautelosa, asombrada por la exaltada reacción de Ravnya, aunque después no dudó en dar rienda suelta a unas emociones previamente encendidas. El fuego que prendió en el interior de su pecho la condujo a beber de sus labios, a mordisquearlos con íntima delicadeza, a entregarse ambas a una coreografía no ensayada que las arrastró lejos del árbol, hasta dejarse caer sobre la hierba, una junto a la otra, mientras sus cuerpos se entrelazaban por propia voluntad anhelando una cercanía imposible, abrazándose con pasión, sin que sus labios se separaran por un instante.

Dada su mayor corpulencia, Dyreah aprovechó para alzarse sobre la otra. Desde esta aventajada posición regaló de besos y caricias su rostro y cuello, privada ésta de toda voluntad por resistirse, echando para atrás la cabeza y dejándose hacer. Pero Ravnya no valía para quedarse quieta durante mucho tiempo, así que no vaciló en echar mano al extraordinario vigor que escondía en su menudo cuerpo para volver las tornas y encaramarse sobre su compañera, proporcionando con gusto las atenciones recibidas, si era posible, con mayor intensidad.

En una tregua en el que ambas yacían tumbadas de lado, rodeándose con los brazos y mirándose fijamente, necesitadas de unos momentos para recuperar el resuello y las fuerzas, Dyreah levantó una de sus manos para acariciar el rostro de Nya, que se frotó zalamera contra ella, persiguiendo su contacto. Trató de apresarla con la barbilla cuando ésta bajó por su cuello y cerró los ojos a la vez que exhalaba un inesperado gemido cuando los dedos se deslizaron por encima de la tela que cubría su pecho. La mestiza notó cómo los músculos del vientre de la muchacha dieron un involuntario espasmo cuando la palma de su mano recorrió su estómago, girando allí para ascender de nuevo por su torso, despertando idénticas sensaciones a medida que avanzaba.

Cuando volvieron a cruzarse sus miradas, no hubo nada ya que impidiera que Dyreah comenzara a desabrochar los corchetes de la guerrera de la joven. Ni que, a continuación, Ravnya soltase los botones que cerraban la blusa de la semielfa…

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Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 1 (fragmento)

Odio que me ignores. Lo sabes.

La mestiza de hykar avanzaba a vivo paso por la espesura del bosque, anhelante de la bucólica soledad que le podía ofrecer, como si le fuera la vida en ello.

¿Aún no me respondes? Por si lo has olvidado, tenemos un trato, y es…

—¡Calla!

Parece que por fin he llamado tu atención. Comenzaba a echarte de menos.

—Me das asco —exclamó exaltada, con la respiración entrecortada por lo célere de su marcha—. No te imaginas hasta qué punto maldigo el día en que se cruzaron nuestros caminos.

Maldice si quieres, niña oscura, quizá algún dios te oiga y ponga fin a tu supuesto castigo.

—¿Se puede saber a qué vino lo de antes? —se apresuró a preguntar, con la intención de desviar el tema de la conversación—. Maldita seas por siempre…

Como si en el fondo de tu corazón no desearas haber hecho realidad mis deseos. ¿Por qué te afectan tanto mis palabras si estás tan segura de la pureza de tu alma? ¿Temes que sea tan negra como tu piel?

—Siempre arañando, como una rata que ha caído en una trampa y trata de encontrar un infecto agujero por el que escabullirse —contraatacó la joven, no dispuesta a concederle la iniciativa—. ¿Nunca te cansas?

La joven se mantuvo en silencio unos momentos, a la espera de una réplica que no llegó a darse. Al parecer, había quedado satisfecha.

Por el momento…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 21 (fragmento)

Una vez que las trenzas volvieron a estar debidamente tejidas y las plumas alisadas y en su sitio, Dyreah se detuvo por unos instantes a admirar su obra. El resultado era espléndido; Ravnya estaba radiante. Y plácidamente dormida, tal y como indicaba el acompasado ritmo de la respiración del menudo cuerpo que yacía acurrucado en torno a sus piernas.

«Es increíble, qué precioso es su cabello cuando el sol lo ilumina de ese modo, tocado con las plumas…» La mestiza permanecía prendida, fascinada de la salvaje belleza de la muchacha que de forma tan plácida se rendía a sus atenciones.

Bajó una de las manos y la hizo descender a lo largo de su mejilla, recorriendo la barbilla y rozando muy levemente el rubor de sus labios con la yema de los dedos. Se recreó en el agradable tacto de su piel, entreteniéndose en bordear la suave línea de sus rasgos. Una deliciosa fragancia a flores brotaba de ella, aderezado con un aroma dulce que Dyreah había aprendido a reconocer como propio de su compañera. Fue inclinándose progresivamente, despacio y con los ojos cerrados, identificando la mezcolanza de esencias naturales que emanaban de la joven, absorbiéndolos todos, hasta percibir en su cercanía el calor de su hálito. Cuando entreabrió la mirada, la semielfa descubrió que su íntima exploración la había conducido a detenerse a escasos milímetros del rostro de Ravnya, sus labios casi en contacto con los de ella. La verdadera sorpresa no fue advertir lo inapropiado de su postura, sino el firme deseo de no querer abandonarla y rasgar así la intensa envoltura de sensaciones que agitadas, recorrían su cuerpo. Superado aquel vivo instante, retornó al necesario sostén del árbol y trató de recomponerse, con la respiración agitada y las temblorosas manos fijadas al suelo…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 18 (fragmento)

Sólo cuando se halló a una corta distancia se disolvió la capa de sombras que envolvía su faz y se revelaron sus facciones. La piel de la cara era extremadamente blanca y los rasgos, aunque delicados, se marcaban con fuerza en su rostro. El largo cabello rubio lucía un brillo tan apagado como sus ojos azules, lánguidos y cansados. La única nota de color se apreciaba en sus labios, de un intenso color carmesí. No era necesario descubrir las orejas puntiagudas ocultas debajo del pelo; se trataba sin lugar a dudas de un elfo.

—¿Quién eres? —inquirió la mestiza, desconcertada por la naturaleza del recién llegado.

—Mi nombre es Galoran, Galoran Afrenta de Alaethar, Sombra de la Luz, Enemigo de Aal —se presentó esbozando el conato de una reverencia que no llegó a ejecutar—. Y como casuales invitadas en mis dominios, os rogaría que no destruyerais ninguno más de mis curiosos… guardianes.

Realizando un barrido con los brazos que abarcaba todo el lugar y revelaba la cercana presencia de al menos dos decenas de smudz a su alrededor, el extraño elfo desnudó una fría sonrisa en la que exhibía unos abultados y afilados colmillos…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 7 (fragmento)

—No vas a escapar —susurró la figura, implacable.

—¡No! ¡NO! —clamó enloquecido el salteador, sus ojos tratando de escapar de sus órbitas. Desenvainó el ancho sable de su funda y saltó cargando contra la espectral silueta.

La salvaje arremetida no halló cuerpo alguno en su trayectoria. Por contra, una larga y fina espada se alojó en su pecho y despuntó a su espalda, con el resplandeciente metal manchado de sangre.

En un hábil y veloz gesto, la hoja se liberó del cadáver del secuestrador y desapareció entre las sombras; el espectral rostro lo imitó.

—¡Maldito seas! —vociferó el otro humano agarrándose con fuerza la sangrante extremidad y girando en círculos—. No sé si eres un fantasma o estás vivo ¡pero a mí no me matarás como a un perro!

Una daga centelleó en el aire arañando su garganta.

—Un perro merece mayor respeto —proclamó la oscuridad misma…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 4 (fragmento)

Por supuesto vestiría la cota de mallas mágica de su madre, mas aunque el metal plateado estaba tan bien acabado tanto por el interior como por el exterior del peto que llegaba a resultar grato al tacto, se cubrió el torso desnudo con una prenda de tela para llevar algo bajo la armadura. Se enfundó en las piernas unas cómodas calzas de color negro como la blusa y las altas botas de cuero carentes de tacón. A continuación adaptó la cota al pecho, que se ajustó y cerró sin necesidad de correas. Los brazaletes ya los llevaba puestos, por lo que sólo le faltaba la pieza de la cabeza para completar la armadura; tomó entre sus manos la exquisita tiara de luminosa plata y excelente artesanía y la acomodó en la frente sujetando su espeso y fino cabello azabache…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 28 (fragmento)

Pero su cuerpo aparecía espantosamente deformado.

Su fina y pálida piel se mostraba ahora dura y áspera, de un color violáceo. Sus manos se estiraban como nervudas garras, sus dedos acabados en largas y afiladas uñas. Sus piernas se sostenían de manera terrible en unas desproporcionadas pezuñas que soportaban con horrible facilidad su peso incrementado. Las alas correosas de murciélago que crecían en su espalda la conducían entre los habitantes de la ciudad, brindando a sus garras y dientes la oportunidad de mutilar y matar.

Aterrizó con elegancia en un frío suelo empedrado y perforó indiferente con un dedo la carne del estómago de un hombre todavía vivo, para luego llevar la sangre tibia a su lengua, que saboreó el líquido con satisfacción…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 23 (fragmento)

El ser apartó la hojarasca que componía lo que parecía ser una capucha y ante Kylan apareció el exquisito rostro de piel oscura y ojos plateados de Airishae.

—Bésame —musitó la hykar.

Kylan, desconcertado, quedó inmóvil y con la boca ligeramente entornada, circunstancia que aprovechó la elfa de la sombra para acercar su rostro al del guerrero y posar sus labios en un ardiente y desbocado beso.

Varias preguntas e inquietudes llegaron a la mente del joven mestizo, mas pronto se difuminaron al abandonarse a las cálidas exigencias de una sensual y voraz Airishae.

Los brazos de la fémina se enredaron como veloces zarcillos rodeando y apresando el torso del semihykar. Sus dedos, largas y ágiles sierpes, jugueteaban suave y pausadamente con su indefensa presa. Su lengua, un hábil depredador que exploraba con deleite y placer la húmeda boca del varón. Unas ávidas caricias que fueron progresivamente ganando en pasión e intimidad cuando superaron la frágil frontera de las vestiduras…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 17 (fragmento)

—Thäis Shade —exhaló de pronto el mestizo con un suspiro.

Dyreah quedó conmocionada al escuchar su antiguo alias de los labios del semielfo de la sombra.

«¡Se acuerda de mí!», se sorprendió la gata.

—Thäis, un hermoso nombre; sin embargo, no tanto como su portadora. Parecía bastante gentil y agradable, además de atrevida y decidida, pero sus rasgos… No creo que ningún bardo haya podido reflejar en sus versos tal belleza como la que poseía Thäis.

La semielfa sintió ruborizarse de nuevo hasta tal punto, que pensó que ni su metamorfosis la ocultaría…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 1 (fragmento)

Pero ella había logrado escapar de todo esto. Su única afición, sobrepasando sus deberes y labores en repetidas ocasiones, era la lectura, en cuya ocupación pasaba horas y horas sin deber, o querer, hacer ninguna otra cosa. No obstante, su condición social se lo permitía.

El tema de los libros no trataba sobre antiguos sabios, grandes señores o poderosos magos que se vanagloriaban de su renombre y dejaban sus obras para el deleite propio ante sus lectores, en la exposición pública de su engreída magnificencia.

No. El contenido era bien distinto.

Las páginas estaban llenas del colorido, a veces intenso y crudo, de la acción de la guerra. Una batalla eterna entre las fuerzas del bien contra las fuerzas oscuras. Las tropas de la luz, normalmente representadas por seres de las razas humana, élfica y thogûn, se enfrentaban en situaciones imposibles de minoría e inferioridad a los vastos ejércitos de raigans, demonios, hykars y otras criaturas maléficas; y siempre salían con vida de sus luchas o, incluso, salían victoriosos…

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