Dial muerto

—¡Ja, ja! ¡Vaya cara! —se burló ella al entrar, sin necesidad de encender las luces—. ¿Qué estás viend…? ¡Pero qué es eso! ¡Quítalo! ¡Quita eso! ¡Apágala! ¡Pero por qué no la apagas…!

Él, sin poder apartar la mirada de la pantalla, respondió.

—Ya está apagada…

Pasaje

—Hace frío.

Eran las primeras palabras que pronunciaba desde hacía horas. Que un alma divertida y soñadora mantuviese una actitud tan ausente me llenaba de preocupación; y que decidiese abandonar su solitario aislamiento para quejarse de una sensación que no era real logró que por un momento la angustia hiciera presa en mi pecho.

—Ponte mi capa —ofrecí, mientras me apresuraba a desabrocharme la prenda.

—Déjalo —me detuvo al tiempo que se giraba para mirarme. No recordaba haber visto nunca tal decaimiento en el azur de sus ojos—. No es ese frío el que siento. Por favor, sigamos.

Invasion (English)

They said they came in peace.

They introduced themselves as members of a small expedition, dedicated to the discovery of new cultures and civilisations, with the sole purpose of sharing knowledge and making us privy to the great achievements of their species.

They were curious about us, about our race. The Human Race.

Fools.

I am Captain Mathias Zarke, aboard the Tempest, one of the thousands of ships built with the recently acquired alien technology.

We fly in formation. Destination: Ansraak, their planet.

The invasion begins.

Traducido por Martín Contreras Carrizosa

Exilio

Me detuve al dejar de escuchar el leve roce de sus pisadas en la hojarasca.

Khräis había vuelto la cabeza y sus ojos observaban con fijeza lo que dejábamos atrás, vidriosos por la emoción contenida, como si tratasen de grabar aquella imagen a fuego en su memoria.

Quise acercarme, apoyar mi mano en su hombro en un burdo intento de reconfortarla. El compromiso exigía dar aquel paso y la decisión era inamovible; aunque reconocerlo no aliviaba el pesar que envolvía nuestra partida.

No me dio opción. Vi cómo se mordía el labio con rabia y, con toda la determinación que atesoraba en su menudo cuerpo, se arrojó a retomar el camino allí donde lo habíamos dejado.

En silencio, me conformé con seguir sus pasos.

Sin dejar de mirarla.

Érase una vez

Os voy a contar la historia de cómo el hombre, enfrentado a la adversidad y volviéndose consciente de sus facultades, logró alcanzar la cima de su perfección.

De cómo, una vez superadas las taras puramente culturales, abrazó a sus semejantes, ignorados absurdos recelos como la raza, el sexo o la religión, hermanados por una causa superior en sí misma: el ser humano.

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Fatídica esperanza

—Por qué no giraste la llave… ¡Por qué!

—Por un momento pensé que la Humanidad merecía una segunda oportunidad. —Alzó la mirada y contempló la tierra devastada que se extendía hasta donde alcanzaba la vista—. Que Dios me perdone. Me equivoqué.

El pasajero

A fin de cuentas, debía sentirse orgulloso.

Había salvado la lanzadera y regresado a la base lunar a tiempo de informar del inminente peligro.

No en vano había recibido el reconocimiento público de sus iguales, además de convertirse en objeto de la recepción de una honrosa condecoración por la valía de sus acciones durante una emotiva ceremonia…

En todo esto soñaba, mientras con un aguijón clavado en el pecho, iba siendo lentamente deglutido por el inusitado pasajero de la nave.

Propia pureza

Resultaba muy difícil encontrar a alguien tan generoso como él.

Tan generoso, sincero, fiel, leal, íntegro, honrado… En resumidas cuentas, era un dechado de virtudes.

Pero estas virtudes no las tenía de nacimiento, no.

Con gran esfuerzo había dedicado por entero su vida a purgar de sí mismo los defectos que veía en los demás, que tanto le afectaban.

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Invasión

Dijeron venir en son de paz.

Se presentaron como miembros de una reducida expedición de exploración, dedicada al descubrimiento de nuevas culturas y civilizaciones, con la única intención de compartir conocimientos y hacernos partícipes de los grandes logros que había alcanzado su especie.

Sentían curiosidad por nosotros, por nuestra raza. La Raza Humana.

Estúpidos.

Soy el capitán Mathias Zarke, a bordo de La Tempestad, una de las miles de naves construidas con la tecnología alienígena recientemente adquirida.

Volamos en formación. Nuestro destino: Ansraak, su planeta.

Comienza la invasión.