Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 21 (fragmento)

Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 21 (fragmento)
¿Te ha gustado?

Si este asombroso suceso los espoleó a dar un paso adelante, lo siguiente en ocurrir los obligó a retroceder y contener el aliento.

Dos colosales engendros del Inframundo, tan altos como las pilastras que se alzaban frente a ellos pero infinitamente más gruesos y poderosos, surgieron del interior del edificio. Enarbolaban descomunales martillos de hierro oxidado, indiferentes a su terrible peso. En sus rostros de pesadilla, unos crueles ojillos se abrieron ansiosos al reconocer la naturaleza de sus próximas víctimas.

La turba de demonios que se interponía entre ellos y aquellos dos monstruos, enaltecidos por la presencia de sus campeones, a punto estuvo de dar al traste con la incursión, al embestir contra la primera línea y hacerla recular. Entre la reinante confusión de tropiezos y caídas, afianzados uno en el apoyo del otro, Anthar y Ashara resistieron los primeros momentos del choque y lograron contenerlo. El objetivo estaba demasiado cerca como para fracasar ahora.

Aunaron sus gritos de batalla y arremetieron con todo, Ashara arrollando con su escudo y lanzando estocadas bajas con la espada, en tanto Anthar abría un amplio espacio a su alrededor por la fuerza de sus mandobles. Acobardados en un primer momento por la aterradora aparición, los demás elfos se terminaron sumando a la carga liderada por sus compañeros cuando comprobaron que aquellos monstruosos seres no avanzaban hacia ellos, sino que se limitaban a vigilar desde lo alto de la escalinata. Dotados de una disciplina impropia a los de su raza, aquellos dos guardianes tenían como único cometido proteger el interior de la antigua construcción de indeseadas intrusiones. Implacables, esperaban el momento de actuar.

Y éste llegó, cuando Anthar al decapitar a un par de demonios abrió brecha y Ashara no dudó un instante en precipitarse por ella. La elfa aplastó el rostro de una vociferante criatura que embestía desde su derecha, girando y atravesando su nuca con la punta de la espada. Cuando encaró al frente, se descubrió en la base de la escalinata, sin otros adversarios a su alcance, salvo aquellos dos aterradores que aguardaban ante las puertas nuevamente cerradas del Templo.

No esperó. No se detuvo a reflexionar. Llegados a este punto, no quedaba nada en qué pensar. Aspiró hondo hasta donde le permitió la coraza y exhaló un poderoso grito que inflamó la rabia que ardía en su pecho mientras cargaba escaleras arriba…

Sigue leyendo

Y bien, ¿qué opinas?