Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 3 (fragmento)

Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 3 (fragmento)
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La mestiza se mostró en un principio cautelosa, asombrada por la exaltada reacción de Ravnya, aunque después no dudó en dar rienda suelta a unas emociones previamente encendidas. El fuego que prendió en el interior de su pecho la condujo a beber de sus labios, a mordisquearlos con íntima delicadeza, a entregarse ambas a una coreografía no ensayada que las arrastró lejos del árbol, hasta dejarse caer sobre la hierba, una junto a la otra, mientras sus cuerpos se entrelazaban por propia voluntad anhelando una cercanía imposible, abrazándose con pasión, sin que sus labios se separaran por un instante.

Dada su mayor corpulencia, Dyreah aprovechó para alzarse sobre la otra. Desde esta aventajada posición regaló de besos y caricias su rostro y cuello, privada ésta de toda voluntad por resistirse, echando para atrás la cabeza y dejándose hacer. Pero Ravnya no valía para quedarse quieta durante mucho tiempo, así que no vaciló en echar mano al extraordinario vigor que escondía en su menudo cuerpo para volver las tornas y encaramarse sobre su compañera, proporcionando con gusto las atenciones recibidas, si era posible, con mayor intensidad.

En una tregua en el que ambas yacían tumbadas de lado, rodeándose con los brazos y mirándose fijamente, necesitadas de unos momentos para recuperar el resuello y las fuerzas, Dyreah levantó una de sus manos para acariciar el rostro de Nya, que se frotó zalamera contra ella, persiguiendo su contacto. Trató de apresarla con la barbilla cuando ésta bajó por su cuello y cerró los ojos a la vez que exhalaba un inesperado gemido cuando los dedos se deslizaron por encima de la tela que cubría su pecho. La mestiza notó cómo los músculos del vientre de la muchacha dieron un involuntario espasmo cuando la palma de su mano recorrió su estómago, girando allí para ascender de nuevo por su torso, despertando idénticas sensaciones a medida que avanzaba.

Cuando volvieron a cruzarse sus miradas, no hubo nada ya que impidiera que Dyreah comenzara a desabrochar los corchetes de la guerrera de la joven. Ni que, a continuación, Ravnya soltase los botones que cerraban la blusa de la semielfa…

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