Kyress (6)

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-Es tan… extraño.

Trierne daba cortos y titubeantes paseos por la casa, tan torpe como un bebé en sus primeros pasos. Mientras, él no se había movido del colchón ni cambiado de postura.

-¿Me lo dices o me lo cuentas? Te recuerdo que soy yo la que está viendo cómo haces tropezar mi cuerpo por una habitación vacía.

-Cierto que debe resultar de lo más raro para ti, pero estar así, manejando tu cuerpo… No sé, ¿tan pequeña eres?

-Oh, vaya. Muchas gracias.

-Perdona, pero es la sensación que tengo. Para andar tengo que acortar mis pasos y acercarme mucho para coger algo. Y todo pesa más. Aunque también es cierto que me muevo de forma más ligera, a pesar de las caderas. Es extraño… pero interesante.

-Pues más te vale que vayas cortando el rollo, entre tanta prueba y toda esa física, filosofía y yo qué sé más que me has soltado, debe ser ya tardísimo. ¡Mi madre me va a matar! ¡Salte!

-Bien, ahí vamos. Pero deja que me siente antes. Si saliese de fase ahora, la desorientación podría hacer que te cayeras.

-Haz lo que quieras, pero sal ya. Me está doliendo la cabeza.

Conduciendo con cuidado el cuerpo de Trierne, regresó a la cama y se sentó frente a donde le esperaba su propio cuerpo. Resultaba desconcertante verse a sí mismo, allí, inmóvil. No dejándose distraer por tales detalles, retomó los rituales que desharían la unión. Rasgar aquel lazo resultaba más sencillo que crearlo… pero algo en su fuero interno trataba de impedírselo.

«Es demasiado pronto para empezar a vacilar».

Y el sello se rompió.

-¿Cómo te sientes, Trierne? ¿Estás bien?

-Es la peor resaca que he tenido nunca. La cabeza me va a explotar.

-No te preocupes, se te pasará pronto. Nunca habías sometido a tu cerebro a un esfuerzo tan intenso. Por hoy ya no haremos nada más.

-Si no he hecho nada, sólo quedarme mirando mientras tú jugabas a las putas marionetas.

-¿Estás segura de eso? ¿Qué hora crees que es?

-Ya serán las mil… -decía mientras echaba un vistazo al reloj de su muñeca-. ¿Más jueguecitos? ¿Me has cambiado la hora del reloj cuando no miraba?

-Tienes la sensación de haber estado hablando horas y horas conmigo, pero no ha sido así. Al menos no fuera de tu cabeza.

-¿Eso qué coño significa? ¿Es que ahora también viajamos en el tiempo o qué?

-No, lo que significa es que, cuando entremos en fase, el tiempo en el exterior parecerá que va más lento, pero sólo porque nuestra comunicación sucederá a una velocidad increíble. Y tu mente necesitará entrenamiento para poder soportar este esfuerzo.

-¿Y cuándo van a llegar las buenas noticias? Joder, hasta ahora todo son problemas y pasarlo mal. ¿Qué hay de lo que me prometiste?

-No te mentí. Esto mejorará tus facultades de aprendizaje y análisis, además de proporcionarte agilidad mental. Incluso podremos estudiar juntos, en fase, y podría enseñarte a un ritmo muy superior. ¿Te imaginas todas las materias que podríamos trabajar en una sola tarde?

-Oh, sí, de puta madre, clases intensivas. Genial. ¿También me vas a poner exámenes?

-Sólo si tú quieres.

-Vale, entonces quedátelos para ti solito. Con los del insti tengo de sobra. Porque me irán mejor, ¿no? Paso de más broncas -añadió con fastidio.

-Ni lo dudes siquiera. De tan fáciles te resultarán hasta aburridos. A mí ya me lo parecían, y no te costará superararme.

Trierne asintió, convencida.

«Y aunque aún no lo sepas, podrás hacer muchas más cosas, cosas que ahora mismo te parecerían imposibles. Y no sólo por ti, pues son muchos los que te necesitan y esperan el resultado de tus acciones. Pero aún queda mucho para que llegue ese momento».

-Y únicamente funcionará si lo hacemos juntos, ¿de acuerdo?

Con la mano extendida, esperó la respuesta de ella. A Trierne aún le dolía la cabeza, estaba medio mareada, sufría náuseas en el estómago y había experimentado la sensación de ser una huésped en su propio cuerpo. Y pese a todo, ya estaba deseando que llegara la próxima lección.

-Espero que no me falles. Confío en ti.


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