Salvada por un ángel

Salvada por un ángel
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—Es muy hermosa.

—Es un ángel. Mi ángel.

A través del cristal, los dos hombres observaban a la joven que yacía en la cama del hospital. Desde el exterior no podían escuchar el pitido de las máquinas que la mantenían con vida.

—¿Qué le sucedió?

—Tuvo un accidente. Iba conduciendo cuando… —declaró el padre, ahogando las lágrimas.

—Comprendo.

—Traumatismo craneoencefálico masivo, es el diagnóstico de los médicos. Dicen que los daños son demasiado graves —abatido, su mirada cayó hasta el aséptico suelo—. Que no saldrá del coma.

—¿Y si le dijera… que no tiene por qué ser así?

—¿Qué quiere decir? ¿Quién es usted?

—Eso no importa —lo aplacó el desconocido—. Lo que sí importa es que puedo salvar a su hija.

 

—Tras conocer los detalles, no puedo negar lo oportuno de tu intervención. Salvar su vida estaba más que justificado. Lo que no alcanzo a comprender es por qué toda esa pantomima del pago, de esa transferencia bancaria. Nosotros no necesitamos el dinero.

—Muy sencillo —respondió el otro—. Es la condición humana: si no le hubiese pedido algo a cambio de salvarla, algo increíblemente valioso a sus ojos, nunca me hubiese creído ni aceptado mi ayuda.

Y bien, ¿qué opinas?

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