Basura humana

Todo comenzó como suelen comenzar estas cosas.

Unos científicos jugaban a ser dioses en su altar tecnológico en aras del conocimiento (o de la destrucción; es una frontera difusa la que separa ambos conceptos), cuando algo salió mal.

Las lecturas se dispararon, las luces empezaron a parpadear y allí, donde no había nada, se desgarró el propio tejido del universo para revelar un agujero a la auténtica nada.

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Blanca prórroga

Sin duda, se trataba de la peor noche de invierno que se recordaba en años.

El rítmico flap-flap del limpiaparabrisas invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar, acunados por las sinuosas ráfagas de viento que eventualmente balanceaban el vehículo.

Los algodonosos copos se amontonaban en la luna delantera, implacablemente eliminados tras el periódico barrido de las escobillas de plástico duro; sólo para volver a enseñorearse del cristal a la espera de la siguiente pasada.

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