Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 4 (fragmento)

Por supuesto vestiría la cota de mallas mágica de su madre, mas aunque el metal plateado estaba tan bien acabado tanto por el interior como por el exterior del peto que llegaba a resultar grato al tacto, se cubrió el torso desnudo con una prenda de tela para llevar algo bajo la armadura. Se enfundó en las piernas unas cómodas calzas de color negro como la blusa y las altas botas de cuero carentes de tacón. A continuación adaptó la cota al pecho, que se ajustó y cerró sin necesidad de correas. Los brazaletes ya los llevaba puestos, por lo que sólo le faltaba la pieza de la cabeza para completar la armadura; tomó entre sus manos la exquisita tiara de luminosa plata y excelente artesanía y la acomodó en la frente sujetando su espeso y fino cabello azabache…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 23 (fragmento)

El ser apartó la hojarasca que componía lo que parecía ser una capucha y ante Kylan apareció el exquisito rostro de piel oscura y ojos plateados de Airishae.

—Bésame —musitó la hykar.

Kylan, desconcertado, quedó inmóvil y con la boca ligeramente entornada, circunstancia que aprovechó la elfa de la sombra para acercar su rostro al del guerrero y posar sus labios en un ardiente y desbocado beso.

Varias preguntas e inquietudes llegaron a la mente del joven mestizo, mas pronto se difuminaron al abandonarse a las cálidas exigencias de una sensual y voraz Airishae.

Los brazos de la fémina se enredaron como veloces zarcillos rodeando y apresando el torso del semihykar. Sus dedos, largas y ágiles sierpes, jugueteaban suave y pausadamente con su indefensa presa. Su lengua, un hábil depredador que exploraba con deleite y placer la húmeda boca del varón. Unas ávidas caricias que fueron progresivamente ganando en pasión e intimidad cuando superaron la frágil frontera de las vestiduras…

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Ojos de Jade I. Syntyma. Capítulo 1 (fragmento)

Pero ella había logrado escapar de todo esto. Su única afición, sobrepasando sus deberes y labores en repetidas ocasiones, era la lectura, en cuya ocupación pasaba horas y horas sin deber, o querer, hacer ninguna otra cosa. No obstante, su condición social se lo permitía.

El tema de los libros no trataba sobre antiguos sabios, grandes señores o poderosos magos que se vanagloriaban de su renombre y dejaban sus obras para el deleite propio ante sus lectores, en la exposición pública de su engreída magnificencia.

No. El contenido era bien distinto.

Las páginas estaban llenas del colorido, a veces intenso y crudo, de la acción de la guerra. Una batalla eterna entre las fuerzas del bien contra las fuerzas oscuras. Las tropas de la luz, normalmente representadas por seres de las razas humana, élfica y thogûn, se enfrentaban en situaciones imposibles de minoría e inferioridad a los vastos ejércitos de raigans, demonios, hykars y otras criaturas maléficas; y siempre salían con vida de sus luchas o, incluso, salían victoriosos…

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