Ojos de Jade III. Kylma. Capítulo 1 (fragmento)

Odio que me ignores. Lo sabes.

La mestiza de hykar avanzaba a vivo paso por la espesura del bosque, anhelante de la bucólica soledad que le podía ofrecer, como si le fuera la vida en ello.

¿Aún no me respondes? Por si lo has olvidado, tenemos un trato, y es…

—¡Calla!

Parece que por fin he llamado tu atención. Comenzaba a echarte de menos.

—Me das asco —exclamó exaltada, con la respiración entrecortada por lo célere de su marcha—. No te imaginas hasta qué punto maldigo el día en que se cruzaron nuestros caminos.

Maldice si quieres, niña oscura, quizá algún dios te oiga y ponga fin a tu supuesto castigo.

—¿Se puede saber a qué vino lo de antes? —se apresuró a preguntar, con la intención de desviar el tema de la conversación—. Maldita seas por siempre…

Como si en el fondo de tu corazón no desearas haber hecho realidad mis deseos. ¿Por qué te afectan tanto mis palabras si estás tan segura de la pureza de tu alma? ¿Temes que sea tan negra como tu piel?

—Siempre arañando, como una rata que ha caído en una trampa y trata de encontrar un infecto agujero por el que escabullirse —contraatacó la joven, no dispuesta a concederle la iniciativa—. ¿Nunca te cansas?

La joven se mantuvo en silencio unos momentos, a la espera de una réplica que no llegó a darse. Al parecer, había quedado satisfecha.

Por el momento…

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Ojos de Jade II. Naamari. Capítulo 7 (fragmento)

—No vas a escapar —susurró la figura, implacable.

—¡No! ¡NO! —clamó enloquecido el salteador, sus ojos tratando de escapar de sus órbitas. Desenvainó el ancho sable de su funda y saltó cargando contra la espectral silueta.

La salvaje arremetida no halló cuerpo alguno en su trayectoria. Por contra, una larga y fina espada se alojó en su pecho y despuntó a su espalda, con el resplandeciente metal manchado de sangre.

En un hábil y veloz gesto, la hoja se liberó del cadáver del secuestrador y desapareció entre las sombras; el espectral rostro lo imitó.

—¡Maldito seas! —vociferó el otro humano agarrándose con fuerza la sangrante extremidad y girando en círculos—. No sé si eres un fantasma o estás vivo ¡pero a mí no me matarás como a un perro!

Una daga centelleó en el aire arañando su garganta.

—Un perro merece mayor respeto —proclamó la oscuridad misma…

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