Pureza

—Señor, no contestan.

Mientras el grueso de la flota imperial liberaba planetas apresados bajo el herético puño del Caos en la Cruzada particular del Señor de la Guerra Macaroth, el Gloria Aeterna había sido destinado a cumplir labores de inspección lejos de la línea del frente. Labores que ya llevaba ejerciendo desde hacía más de doscientos años. Osgothor, el almirante del Gloria Aeterna, más máquina que hombre y enterrado en el corazón metálico del navío, asumía con calmada ira esta afrenta en su mente mecánica, pero nunca profería queja en contra de este mandato.

Era la Palabra del Emperador.

Sigue leyendo