Alguien tiene que hacerlo, de F. J. Sanz

Alguien tiene que hacerlo

Un funesto sentimiento de aprensión acompañó al movimiento de la puerta al abrirse.

El día había despertado con aquel cielo plomizo que no presagiaba nada bueno. Macilento, el sol apenas se atisbaba tras el denso manto agrisado de las nubes, claudicando ante el frío empuje del inminente invierno.

Pronto llegarían las primeras nevadas. Y, con ellas, el terror.

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Legado de Sombras. El engaño (fragmento)

—No, ¡de verdad! Algo me dice, y me refiero a un sexto sentido, al instinto, no que esté escuchando voces en mi cabeza, eso hace tiempo que no me pasa, y menos mal, me llevaba cada susto que para qué contarte… Pues eso, que tengo la sensación de que no son simples labriegos buscando algo que trasegar, pues sin duda que eso que asoma del cinturón de ese hombre de atrás es la empuñadura de un cuchillo, y lo que ese otro trata, torpemente, de esconder bajo la manga es una porra, y ya, por sí misma, no me gusta la cicatriz del rostro de ese otro, el de la sonrisa a la que le faltan dientes.
—Rid, cállate ya —exhortó Kylan, pendiente del menor de los movimientos de cualquiera de aquellos hombres—. Nos están asaltando.

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Trueque de sangre

Me llamo Jinsel, y soy un oportunista.

Ahora mismo estoy a punto de arreglar un asunto de lo más conveniente para mis negocios.

A ver, comprobemos todo antes de salir. Ella aún está sin sentido. Bien. Tiene las manos y los pies bien atados a los postes de la cama. Tiraré un poco… Sí, no se soltará. Y la mordaza. Porque no queremos que nadie pueda escucharte gritar y nos arruine la diversión, ¿verdad, encanto? Y el colgante, ese precioso colgante que tanto me gusta en su sitio, alrededor de tu lindo cuello.

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El origen de Dómino (1)

—¡Milord!

La puerta que daba acceso al salón principal fue abierta con brusquedad, sin petición previa, concediendo paso a uno de los miembros de la guardia, visiblemente alterado.

Si aquel inusitado suceso logró sorprender al señor del lugar, éste no dio la menor muestra de ello. Se mantuvo firme en su sólido sillón, ocupado en sus papeles, sin siquiera alzar la cabeza para observar al intruso.

El miliciano, espoleado por las acuciantes noticias, cruzó la estancia hasta alcanzar el escritorio de madera del noble. Tal era su grado de ofuscación que se atrevió a afianzar sus manos sobre la madera pulida.

—¡Milord! ¡Es preciso que sepáis lo que ha ocurrido!

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El origen de Dómino

Cuando comencé a escribir La leyenda de Dómino, allá por Junio de 2010, inevitablemente tuve que meterme en la mente del detective Axelsson y exponerme al implacable entorno que le rodeaba.

El universo de Warhammer no es tan plácido como el que podemos encontrar en otras sagas de la fantasía épica popular, tales como Reinos Olvidados o Dragonlance. La corrupción acecha en cada esquina, los pérfidos Dioses del Caos tiran de sus hilos y toda criatura (sea humana o no), puede convertirse en un pelele más en su suprema batalla por la hegemonía.

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La oportunidad (7)

No había terminado Lacarys de limpiar su arma de la sangre del demenciado heraclón, cuando una voz lo sorprendió a sus espaldas.

—Te desenvuelves bien.

El menhori adoptó al instante una postura defensiva, con las piernas flexionadas y una pequeña hacha sujeta en cada mano.

La lagara se recostaba indolente contra el quicio de la puerta, con los brazos cruzados frente al pecho. Al girar la cabeza para mirarle, el pálido cabello se derramó lacio sobre su hombro.

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La oportunidad (2)

—Caballeros, y también damas, tengo una propuesta que ofreceros.

En los ojos que lo observaron brilló la suspicacia, un franco desinterés o la simple codicia. Unas cuantas miradas no tardaron en regresar a la contemplación de sus decadentes jarras de cerveza; otras, prefirieron centrar su atención en el abultado saquillo que reposaba sin dueño sobre la grasienta madera del mostrador.

—Mi nombre es Josquin Desprezz y no pienso andarme con rodeos —continuó—. Aquellos que guarden reservas a la hora de mancharse las manos de sangre, que hagan el favor de abandonar el establecimiento. —Un murmullo de enojo se alzó de inmediato entre los presentes—. Se abstendrán de abonar el coste de las bebidas por las molestias causadas, pero deberán marcharse de inmediato. El resto, aquellos que se muestren dispuestos a correr algunos riesgos menores a cambio de llenarse los bolsillos de buen metal, que permanezcan en sus asientos.

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