Pasaje

—Hace frío.

Eran las primeras palabras que pronunciaba desde hacía horas. Que un alma divertida y soñadora mantuviese una actitud tan ausente me llenaba de preocupación; y que decidiese abandonar su solitario aislamiento para quejarse de una sensación que no era real logró que por un momento la angustia hiciera presa en mi pecho.

—Ponte mi capa —ofrecí, mientras me apresuraba a desabrocharme la prenda.

—Déjalo —me detuvo al tiempo que se giraba para mirarme. No recordaba haber visto nunca tal decaimiento en el azur de sus ojos—. No es ese frío el que siento. Por favor, sigamos.

Las manos ociosas

Todos los días acudo sin falta a la estación de La Arboleda. Así lo llevo haciendo… ¿desde cuándo? ¿Quince años? No lo sé. Creo que desde la última vez que cambié de trabajo.

Allí, detenido como siempre, el tranvía me espera con sus puertas abiertas. Sorteo con cuidado los cuerpos apiñados que me rodean y entro en el vagón, atento a salvar el pequeño espacio que lo distancia del andén. No me gustaría dar un mal paso y romperme una pierna.

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Trueque de sangre

Me llamo Jinsel, y soy un oportunista.

Ahora mismo estoy a punto de arreglar un asunto de lo más conveniente para mis negocios.

A ver, comprobemos todo antes de salir. Ella aún está sin sentido. Bien. Tiene las manos y los pies bien atados a los postes de la cama. Tiraré un poco… Sí, no se soltará. Y la mordaza. Porque no queremos que nadie pueda escucharte gritar y nos arruine la diversión, ¿verdad, encanto? Y el colgante, ese precioso colgante que tanto me gusta en su sitio, alrededor de tu lindo cuello.

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Elvhay Darkbreeze

Todavía soy capaz de recordar con detalle cómo se desarrolló aquel extraño encuentro.

Acababa de arribar con mi compañía al pequeño asentamiento enano. Se trataba de un afloramiento rocoso en la superficie que hacía las veces de baliza para el inmenso reino que se escondía bajo tierra. En la última época, a consecuencia de la agitación creciente en las lindes de la comarca, se había convertido en un punto de reunión entre culturas, sirviendo de embajada para las reuniones con las razas élfica y humana.

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De noche

Vivo de noche.

Mis sentidos me describen con total precisión cuanto acontece a mi alrededor. Todo aquello que resulta invisible a aquellos que conviven conmigo resulta diáfano y brillante ante mi percepción.

Alzo el rostro hacia la negra bóveda celeste y exhalo un quedo suspiro. Quizá sólo se trate de un nostálgico recuerdo de mi anterior existencia, de algo que fue siempre tan natural como la propia vida y que ahora queda tan distante y olvidado, pues mis atrofiados pulmones ignorarían lo que es un soplo de oxígeno si no fuera porque necesito aire para hacer vibrar las cuerdas vocales que me permiten hablar.

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¿Qué es Ficción?

Ficción es:

– Mito, leyenda, fábula, novela, cuento, microcuento, crónica, poesía, tragedia, comedia, drama, canción, himno, oda, elegía, égloga, sátira, madrigal, epigrama, letrilla, epopeya, épica, romance, bizantina, cortesana, sentimental, pastoril, picaresca, política, histórica, costumbrista, naturalista, psicológica, aventuras, terror, humorística y policíaca, entre otras…

Sólo que los hechos narrados pertenecen a una realidad diferente a la nuestra.

Kyress (6)

-Es tan… extraño.

Trierne daba cortos y titubeantes paseos por la casa, tan torpe como un bebé en sus primeros pasos. Mientras, él no se había movido del colchón ni cambiado de postura.

-¿Me lo dices o me lo cuentas? Te recuerdo que soy yo la que está viendo cómo haces tropezar mi cuerpo por una habitación vacía.

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Kyress (5)

—Recuerda. Estate tranquila y relajada. Tienes que estar receptiva o de otro modo me cerrarás el acceso.

—Lo dices como si supiera lo que estoy haciendo.

Trierne permanecía sentada en el colchón, mientras él, a su espalda y con las manos sobre sus hombros, la iba guiando en el proceso.

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Kyress (4)

—¿Y para qué me iba a hacer falta?

—Nunca se sabe. Podrías encontrarte con cualquier cosa.

Llevaban toda la tarde hablando, a veces sentados en el colchón, en otras ocasiones aprovechando el espacio libre de la habitación para que él pudiera desarrollar sus demostraciones.

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Kyress (3)

—Muy… espacioso.

Tras un paseo desde el restaurante de comida turca, habían llegado a un complejo de apartamentos en una zona tranquila de la ciudad. El hombre había conducido a Trierne hasta la sexta planta del edificio y, una vez allí, la invitó a entrar. Quizá la joven debería haberse planteado lo poco oportuno de meterse en una casa a solas con un desconocido, pero ni se le pasó por la cabeza que pudiera estar en peligro.

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Kyress (1)

Trierne esperaba a solas en la habitación, sentada en una incómoda silla frente a una mesa puramente funcional. El único fluorescente del techo apenas bastaba para iluminar aquel lugar de paredes rudas y grisáceas.

Todo había pasado tan rápido que apenas era consciente de cuanto había ocurrido desde que aquel par de gorilas se la llevaran de las escaleras fuera del instituto. El coche con los cristales tintados, el viejo trajeado que se había sentado en la parte trasera con ella y no había dejado de observarla, que nadie hubiera vuelto a hablarla hasta que la metieron en aquella habitación… Todo aquello olía mal, muy mal. Y, o se habían equivocado con ella, o se había metido en algo gordo, aunque no supiera el qué.

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Larga espera

—Qué duro se hace esperar, ¿verdad?

—Perdón, ¿cómo dice?

—La espera. Nunca es un plato de gusto.

El zumbido de la máquina de refrescos era la única constante en aquel pasillo iluminado por fila tras fila de fluorescentes blancos.

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Kyress (0)

«Allí está. Tiene que ser ella. No es como me la esperaba, quizá más alta, más torpe en la forma de caminar. No, no es torpe, sólo desmañada. Pero es normal, sólo tiene quince años. Y es rubia. No sé por qué es tan importante este detalle, pero lo es. Ha de ser ella, tiene que serlo y demostrar estar a la altura. Si no, la hemos jodido a base de bien…»

—¿Trierne? —preguntó al acercarse.

La chica se detuvo, dedicándole una altiva mirada mientras se cruzaba de brazos.

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Ceniza (1)

Aún no entiendo muy bien cómo empezó todo.

Tenía una vida tranquila, segura. Ya desde joven había tenido las ideas suficientemente claras para no embarcarme en caminos en pos del éxito social o la ambición. Entendía las ventajas que suponía trabajar para el estado, como ahorrarse ese sinvivir que supone ignorar si puedes meterte en una hipoteca porque el despido pueda estar rondándote a la vuelta de la esquina.

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Ceniza (0)

«Vamos. Un poco más».

Si sus últimos pasos habían servido para acercarlo a su objetivo, la visión que le ofrecían sus ojos sanguinolentos lo desmentían.

Los calambres de las piernas provocaban que sus rodillas flaquearan. El sudor lo envolvía como una pátina de desesperación. La mano se cerraba con crispación alrededor de la negra madera del arma. Se negaba a ceder su presa, a pesar del repulsivo tono oscuro del que se iba tiñendo a medida que el basáltico polvo que se desprendía del endiablado arco se filtraba a través de su piel y le helaba la sangre en las venas.

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Blanca prórroga

Sin duda, se trataba de la peor noche de invierno que se recordaba en años.

El rítmico flap-flap del limpiaparabrisas invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar, acunados por las sinuosas ráfagas de viento que eventualmente balanceaban el vehículo.

Los algodonosos copos se amontonaban en la luna delantera, implacablemente eliminados tras el periódico barrido de las escobillas de plástico duro; sólo para volver a enseñorearse del cristal a la espera de la siguiente pasada.

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