Pasaje

—Hace frío.

Eran las primeras palabras que pronunciaba desde hacía horas. Que un alma divertida y soñadora mantuviese una actitud tan ausente me llenaba de preocupación; y que decidiese abandonar su solitario aislamiento para quejarse de una sensación que no era real logró que por un momento la angustia hiciera presa en mi pecho.

—Ponte mi capa —ofrecí, mientras me apresuraba a desabrocharme la prenda.

—Déjalo —me detuvo al tiempo que se giraba para mirarme. No recordaba haber visto nunca tal decaimiento en el azur de sus ojos—. No es ese frío el que siento. Por favor, sigamos.

Exilio

Me detuve al dejar de escuchar el leve roce de sus pisadas en la hojarasca.

Khräis había vuelto la cabeza y sus ojos observaban con fijeza lo que dejábamos atrás, vidriosos por la emoción contenida, como si tratasen de grabar aquella imagen a fuego en su memoria.

Quise acercarme, apoyar mi mano en su hombro en un burdo intento de reconfortarla. El compromiso exigía dar aquel paso y la decisión era inamovible; aunque reconocerlo no aliviaba el pesar que envolvía nuestra partida.

No me dio opción. Vi cómo se mordía el labio con rabia y, con toda la determinación que atesoraba en su menudo cuerpo, se arrojó a retomar el camino allí donde lo habíamos dejado.

En silencio, me conformé con seguir sus pasos.

Sin dejar de mirarla.