Alguien tiene que hacerlo, de F. J. Sanz

Alguien tiene que hacerlo

Un funesto sentimiento de aprensión acompañó al movimiento de la puerta al abrirse.

El día había despertado con aquel cielo plomizo que no presagiaba nada bueno. Macilento, el sol apenas se atisbaba tras el denso manto agrisado de las nubes, claudicando ante el frío empuje del inminente invierno.

Pronto llegarían las primeras nevadas. Y, con ellas, el terror.

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El globo (#historiasdemiedo concurso Zenda)

No tendría que haber ocurrido nada especial.

Cumplíamos cinco años desde que nos conocimos y mi novia quiso celebrarlo cocinando una tarta cargada de recuerdos y sentimientos, llenando de guirnaldas la casa y comprando un globo de helio, de ésos que flotan hasta el techo atados con un cordel, con la forma de un cinco enorme.

Con los tiempos que corren, celebrar cinco años juntos no era poca cosa, no cuando lo haces con el deseo de seguir celebrando otros cinco y cinco veces más.

 

A la mañana siguiente tocó volver a la rutina del trabajo. Se recogieron las guirnaldas y la tarta acompañó nuestros desayunos y postres durante un par de días más.

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Un gato en casa

Hace un año adopté un gato.

Es la típica historia: chico joven y soltero, sin pareja y entregado a su trabajo, que encuentra cada día a su regreso la casa vacía y decide ponerle remedio por la vía más rápida y sencilla. Adoptando una mascota.

En realidad no estaba planeado. El sentimiento existía, pero no me había calado tan hondo como para plantearme el asunto con cierta urgencia. Ocurrió de forma inesperada.

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De noche

Vivo de noche.

Mis sentidos me describen con total precisión cuanto acontece a mi alrededor. Todo aquello que resulta invisible a aquellos que conviven conmigo resulta diáfano y brillante ante mi percepción.

Alzo el rostro hacia la negra bóveda celeste y exhalo un quedo suspiro. Quizá sólo se trate de un nostálgico recuerdo de mi anterior existencia, de algo que fue siempre tan natural como la propia vida y que ahora queda tan distante y olvidado, pues mis atrofiados pulmones ignorarían lo que es un soplo de oxígeno si no fuera porque necesito aire para hacer vibrar las cuerdas vocales que me permiten hablar.

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