El origen de Dómino (5)

Poco tiempo transcurrió hasta que el noble tuvo que acudir a satisfacer otro asunto, lejos de sus tierras.

Y tras ello, menos tiempo pasó hasta que los depravados milicianos decidieron hacer acto de presencia en su habitación.

Las habladurías corrían al respecto de la nueva condición de la prisionera. Había quienes sostenían que, dadas sus reiteradas negativas, Pernhown había resuelto mutilarla, cortándole pies y manos, para asegurarse de que nunca podría escapar. Otros, que la elfa había recurrido a la magia infame de los suyos y se había transformado en un monstruoso demonio, obligando a su señor a firmar un pacto con los Poderes Ruinosos. También los había quienes decían que estaba muerta, que el viejo la había matado en un arrebato de furia, y ahora disfrutaba poseyendo su corrupto cadáver.

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El origen de Dómino (3)

Aquello fue sólo el comienzo.

Pernhown, celoso en su afán por guardar su posesión más valiosa, ordenó que se estableciera una vigilancia continua frente a la puerta de la prisionera, compuesta por una rotación de tres hombres de su guardia. Del mismo modo, una mujer de la casa fue declarada exenta de sus obligaciones en la cocina para dedicarse en exclusiva a satisfacer las necesidades de la díscola guerrera, tanto de su nutrición como de su limpieza.

Los toscos grilletes que en un primer momento apresaron las extremidades de la elfa fueron pronto sustituidos por otros de cuero revestidos de tela mullida, al percatarse el noble de las erosiones que en sus forcejeos había sufrido la piel de muñecas y tobillos.

Las cadenas continuaron siendo de hierro.

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