Así comienza la historia… (Zahiri y Zihara 1)

No me preguntes por mi nombre, no tiene importancia ninguna.

Sólo soy un pobre viejo a la que la Fortuna quiso sonreír, quizá con sorna o guiñando un ojo, pero en verdad que me siento agradecido por lo que el Destino deseó para mí.

¿Que no soy tan viejo? ¡Que os den por ahí! ¿Estoy a punto de relatar una historia absolutamente fantástica y por lo único que os interesáis es por mi destartalada persona?

Sabed que nunca olvidaré aquel día, con el cielo amenazando con romperse en pedazos de tan negras que eran las nubes y violentos los relámpagos que iluminaban la noche. La tierra temblaba bajo los pies y el viento hacía restallar las ramas de los árboles. ¿Cómo que antes dije que había sido de día, en un tórrido día soleado? Quizá sea cierto, pero de tan furiosa que fue la tormenta nocturna, tan calmo amaneció el día postrero.

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Alguien tiene que hacerlo, de F. J. Sanz

Alguien tiene que hacerlo

Un funesto sentimiento de aprensión acompañó al movimiento de la puerta al abrirse.

El día había despertado con aquel cielo plomizo que no presagiaba nada bueno. Macilento, el sol apenas se atisbaba tras el denso manto agrisado de las nubes, claudicando ante el frío empuje del inminente invierno.

Pronto llegarían las primeras nevadas. Y, con ellas, el terror.

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Quien vale soy yo, de José Losada

Si alguien es capaz de aliviar la intranquilidad que me mueve como si estuviera expuesto a un sinfín de cables de corriente eléctrica que me elevan y me sueltan infinidad de veces sin remedio conocido, que me ayude, se lo suplico; que haga el favor de reducir mis fuerzas mortíferas para que yo, un pobre inculto de la vida, aun siendo clave para esta, se centre y no culmine con inconsciencia lo que puede remediarse de forma humana…

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Decenas de relatos para todos los gustos.

Fantasía, gótico, ficción, terror, romance, épico… ¿Por qué no pruebas a encontrar tu favorito?

Cálculo de humanos

—Pase por aquí, señor Steinweis.

La curiosa comitiva formada por un trajeado ejecutivo y técnicos con batas blancas franqueó las puertas de policromato plástico cuando el científico y relaciones públicas del evento introdujo su biotarjeta y permitió que el sensor tomara una instantánea de su retina. El procedimiento pareció resultar satisfactorio, pues ni saltaron los cierres de titanio endurecido de sus anclajes, ni estallaron las alarmas en un jolgorio de luces estroboscópicas y aullantes alaridos.

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Elvhay Darkbreeze

Todavía soy capaz de recordar con detalle cómo se desarrolló aquel extraño encuentro.

Acababa de arribar con mi compañía al pequeño asentamiento enano. Se trataba de un afloramiento rocoso en la superficie que hacía las veces de baliza para el inmenso reino que se escondía bajo tierra. En la última época, a consecuencia de la agitación creciente en las lindes de la comarca, se había convertido en un punto de reunión entre culturas, sirviendo de embajada para las reuniones con las razas élfica y humana.

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De noche

Vivo de noche.

Mis sentidos me describen con total precisión cuanto acontece a mi alrededor. Todo aquello que resulta invisible a aquellos que conviven conmigo resulta diáfano y brillante ante mi percepción.

Alzo el rostro hacia la negra bóveda celeste y exhalo un quedo suspiro. Quizá sólo se trate de un nostálgico recuerdo de mi anterior existencia, de algo que fue siempre tan natural como la propia vida y que ahora queda tan distante y olvidado, pues mis atrofiados pulmones ignorarían lo que es un soplo de oxígeno si no fuera porque necesito aire para hacer vibrar las cuerdas vocales que me permiten hablar.

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¿Qué es Ficción?

Ficción es:

– Mito, leyenda, fábula, novela, cuento, microcuento, crónica, poesía, tragedia, comedia, drama, canción, himno, oda, elegía, égloga, sátira, madrigal, epigrama, letrilla, epopeya, épica, romance, bizantina, cortesana, sentimental, pastoril, picaresca, política, histórica, costumbrista, naturalista, psicológica, aventuras, terror, humorística y policíaca, entre otras…

Sólo que los hechos narrados pertenecen a una realidad diferente a la nuestra.

Kyress (6)

-Es tan… extraño.

Trierne daba cortos y titubeantes paseos por la casa, tan torpe como un bebé en sus primeros pasos. Mientras, él no se había movido del colchón ni cambiado de postura.

-¿Me lo dices o me lo cuentas? Te recuerdo que soy yo la que está viendo cómo haces tropezar mi cuerpo por una habitación vacía.

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Kyress (5)

—Recuerda. Estate tranquila y relajada. Tienes que estar receptiva o de otro modo me cerrarás el acceso.

—Lo dices como si supiera lo que estoy haciendo.

Trierne permanecía sentada en el colchón, mientras él, a su espalda y con las manos sobre sus hombros, la iba guiando en el proceso.

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Kyress (4)

—¿Y para qué me iba a hacer falta?

—Nunca se sabe. Podrías encontrarte con cualquier cosa.

Llevaban toda la tarde hablando, a veces sentados en el colchón, en otras ocasiones aprovechando el espacio libre de la habitación para que él pudiera desarrollar sus demostraciones.

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Kyress (3)

—Muy… espacioso.

Tras un paseo desde el restaurante de comida turca, habían llegado a un complejo de apartamentos en una zona tranquila de la ciudad. El hombre había conducido a Trierne hasta la sexta planta del edificio y, una vez allí, la invitó a entrar. Quizá la joven debería haberse planteado lo poco oportuno de meterse en una casa a solas con un desconocido, pero ni se le pasó por la cabeza que pudiera estar en peligro.

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Larga espera

—Qué duro se hace esperar, ¿verdad?

—Perdón, ¿cómo dice?

—La espera. Nunca es un plato de gusto.

El zumbido de la máquina de refrescos era la única constante en aquel pasillo iluminado por fila tras fila de fluorescentes blancos.

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Ceniza (0)

«Vamos. Un poco más».

Si sus últimos pasos habían servido para acercarlo a su objetivo, la visión que le ofrecían sus ojos sanguinolentos lo desmentían.

Los calambres de las piernas provocaban que sus rodillas flaquearan. El sudor lo envolvía como una pátina de desesperación. La mano se cerraba con crispación alrededor de la negra madera del arma. Se negaba a ceder su presa, a pesar del repulsivo tono oscuro del que se iba tiñendo a medida que el basáltico polvo que se desprendía del endiablado arco se filtraba a través de su piel y le helaba la sangre en las venas.

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La oportunidad (2)

—Caballeros, y también damas, tengo una propuesta que ofreceros.

En los ojos que lo observaron brilló la suspicacia, un franco desinterés o la simple codicia. Unas cuantas miradas no tardaron en regresar a la contemplación de sus decadentes jarras de cerveza; otras, prefirieron centrar su atención en el abultado saquillo que reposaba sin dueño sobre la grasienta madera del mostrador.

—Mi nombre es Josquin Desprezz y no pienso andarme con rodeos —continuó—. Aquellos que guarden reservas a la hora de mancharse las manos de sangre, que hagan el favor de abandonar el establecimiento. —Un murmullo de enojo se alzó de inmediato entre los presentes—. Se abstendrán de abonar el coste de las bebidas por las molestias causadas, pero deberán marcharse de inmediato. El resto, aquellos que se muestren dispuestos a correr algunos riesgos menores a cambio de llenarse los bolsillos de buen metal, que permanezcan en sus asientos.

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Ashirya (I). La Llegada

Y el momento llegó.

Atrás habían quedado ya el pánico generalizado ante la llegada del primer monstruoso monolito, los suicidios en masa y los ataques nucleares preventivos. El ejemplo ofrecido al mundo por el fanatismo, tanto religioso como bélico, de Irán y Korea del Norte había bastado para apaciguar los ánimos de las grandes superpotencias. Sendos cráteres humeantes donde antaño se erigían estas naciones se podían apreciar en las imágenes concedidas por los satélites en órbita alrededor de la Tierra. ¿La aniquilación de millones de seres humanos a consecuencia de las decisiones de unos pocos depravados podía justificarse como un acto en defensa propia?

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Propia pureza

Resultaba muy difícil encontrar a alguien tan generoso como él.

Tan generoso, sincero, fiel, leal, íntegro, honrado… En resumidas cuentas, era un dechado de virtudes.

Pero estas virtudes no las tenía de nacimiento, no.

Con gran esfuerzo había dedicado por entero su vida a purgar de sí mismo los defectos que veía en los demás, que tanto le afectaban.

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Invasión

Dijeron venir en son de paz.

Se presentaron como miembros de una reducida expedición de exploración, dedicada al descubrimiento de nuevas culturas y civilizaciones, con la única intención de compartir conocimientos y hacernos partícipes de los grandes logros que había alcanzado su especie.

Sentían curiosidad por nosotros, por nuestra raza. La Raza Humana.

Estúpidos.

Soy el capitán Mathias Zarke, a bordo de La Tempestad, una de las miles de naves construidas con la tecnología alienígena recientemente adquirida.

Volamos en formación. Nuestro destino: Ansraak, su planeta.

Comienza la invasión.

Bases de una futura traición

—Nos encontramos aquí, en este glorioso día que pronto pasará a ser el primero de nuestra nueva Historia, para rendir homenaje a quienes, por su propia voluntad, se disponen a ofrecer el más precioso de los regalos: sus vidas.

Un clamoroso silencio inundó la sala, expresión del más profundo respeto mostrado por las personas que allí se reunían para tan espléndida ocasión.

—Son bien conocidos los problemas a los que nos hemos enfrentado desde que nuestra nave buscó refugio en este agreste planeta —prosiguió desde su atrio—. Nuestra cultura, valores, principios, nuestra forma de vida a fin de cuentas, e incluso los procesos vitales por los que se rige nuestra naturaleza, se han demostrado incompatibles y hasta deficitarios en comparación con las caprichosas exigencias biológicas imperantes en este ecosistema. Pronto lo comprendimos: nos enfrentábamos a la extinción total como especie.

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