El origen de Dómino (4)

—A pesar de nuestros frecuentes encuentros, han transcurrido meses desde que conversamos por última vez.

Tumbada sobre el potro y con el cuerpo en forma de aspa anclado a su superficie y esquinas, Aliekki trató en vano de acurrucarse en cuanto escuchó la puerta abrirse. Con la respiración acelerada, en su mente sólo residía una única y solitaria esperanza: que acabara cuanto antes para volver a refugiarse en las sombras que poblaban su mundo.

No obstante, su deseo no se cumpliría de inmediato.

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El origen de Dómino (3)

Aquello fue sólo el comienzo.

Pernhown, celoso en su afán por guardar su posesión más valiosa, ordenó que se estableciera una vigilancia continua frente a la puerta de la prisionera, compuesta por una rotación de tres hombres de su guardia. Del mismo modo, una mujer de la casa fue declarada exenta de sus obligaciones en la cocina para dedicarse en exclusiva a satisfacer las necesidades de la díscola guerrera, tanto de su nutrición como de su limpieza.

Los toscos grilletes que en un primer momento apresaron las extremidades de la elfa fueron pronto sustituidos por otros de cuero revestidos de tela mullida, al percatarse el noble de las erosiones que en sus forcejeos había sufrido la piel de muñecas y tobillos.

Las cadenas continuaron siendo de hierro.

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