Kyress (5)

—Recuerda. Estate tranquila y relajada. Tienes que estar receptiva o de otro modo me cerrarás el acceso.

—Lo dices como si supiera lo que estoy haciendo.

Trierne permanecía sentada en el colchón, mientras él, a su espalda y con las manos sobre sus hombros, la iba guiando en el proceso.

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Kyress (4)

—¿Y para qué me iba a hacer falta?

—Nunca se sabe. Podrías encontrarte con cualquier cosa.

Llevaban toda la tarde hablando, a veces sentados en el colchón, en otras ocasiones aprovechando el espacio libre de la habitación para que él pudiera desarrollar sus demostraciones.

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